¿Podrían dos vitaminas reducir el riesgo de muerte por tóxicos plásticos?

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Las personas que están expuestas a los tóxicos que contienen los plásticos y que son disruptores endocrinos tienen más riesgo de mortalidad.

Las personas que están expuestas a los tóxicos que contienen los plásticos y que son disruptores endocrinos tienen más riesgo de mortalidad, sin embargo, las que cuentan con mayores niveles en la sangre de vitaminas D y B9 (folato cuando se encuentra en los alimentos) pueden tener una mayor protección ante estos contaminantes que dañan la salud.

Tóxicos plásticos en alimentos y riesgo de mortalidad

Un estudio del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada y de la Universidad de Granada, publicado hace unos meses, en colaboración con la Escuela de Salud Pública de Harvard y la Universidad de Pekín, muestra la relación entre la exposición a estos tóxicos y el riesgo de mortalidad.

El trabajo, publicado en la revista The Lancet Planetary Health, analizó datos de más de 8.000 personas de la encuesta nacional de salud y nutrición de Estados Unidos (NHANES, por sus siglas en inglés).

Los investigadores analizaron en la orina de los participantes la exposición a diversos tóxicos tales como el bisfenol A y distintos ftalatos (ambos disruptores endocrinos) que se usan en envases alimentarios, como latas de conserva, y están presentes en plásticos en general y cosméticos.

¿Podrían dos vitaminas reducir el riesgo de muerte por tóxicos plásticos?
Diversos tóxicos tales como el bisfenol A se usan en envases alimentarios.

El trabajo ha seguido a los participantes durante una media de ocho años y ha identificado la fecha de muerte por cáncer, enfermedad cardiovascular, así como por cualquier otra causa.

El investigador que ha liderado el estudio, Vicente Mustieles, del Instituto de Investigación Biosanitaria (ibs) de Granada y el Hospital Universitario Clínico San Cecilio, expuso hace unos días este estudio en el Congreso de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA), que se celebró en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Entre otras cosas mostró que las personas que estaban más expuestas a la mezcla de los contaminantes plásticos tenían un mayor riesgo de mortalidad: 35 % más por cualquier causa, un 79 % por cáncer y un 83 % más por una enfermedad cardiovascular.

Todo ello una vez que los investigadores consideraron factores como la edad, el peso, el nivel socioeconómico y los hábitos de vida.

250.000 muertes

De hecho, según las cifras, la exposición a los tóxicos presentes en los plásticos podría estar relacionada con más de 250.000 muertes al año en Estados Unidos, lo que equivale al 10 % del total de los fallecimientos anuales en ese país.

Pero las conclusiones del estudio no acaban ahí, sino que los datos muestran que la asociación entre la mezcla de contaminantes plásticos y un mayor riesgo de mortalidad solo se observaba en las personas con los niveles sanguíneos más bajos de las vitaminas D y la B9, pero no en los que tenían niveles más altos.

Las vitaminas ante los tóxicos plásticos

La vitamina D cumple una función esencial en el metabolismo óseo y en la regulación del calcio, así como sobre el sistema inmune, entre otras acciones. Aunque se encuentra en algunos alimentos como el pescado azul, la principal fuente en el organismo es la síntesis cutánea, a partir de la exposición solar.

La vitamina B9 presente en los alimentos se denomina folato. A nivel sintético, la forma más común es el ácido fólico, si bien en la actualidad han aparecido otras formulaciones más bioactivas y que se absorben mejor como el metilfolato, explica Mustieles a EFE Salud.

Se puede obtener de las verduras de hoja verde, de las legumbres y de los cítricos, entre otros.

¿Podrían dos vitaminas reducir el riesgo de muerte por tóxicos plásticos?
Verduras de hoja verde.

Tiene muchas funciones y entre las más importantes está la de prevenir los defectos del tubo neural -que dan lugar a la espina bífida- en el feto. El folato previene la anemia megaloblástica -que se caracteriza por el gran tamaño de los glóbulos rojos, que además no están bien desarrollados-.

También, añade el investigador, ayuda a reducir los niveles de «homocisteína», un marcador de riesgo cardiovascular.

«En nuestro estudio vimos que el folato y la vitamina D parecían proteger frente al posible efecto de los contaminantes plásticos sobre el riesgo de mortalidad. Sin embargo, esta asociación protectora se observó únicamente en los participantes que no consumían suplementos de ácido fólico o vitamina D», afirma Mustieles.

Cuando el estudio incluyó a los participantes que tomaban suplementos de ambas vitaminas, «solo aquellos con los niveles intermedios de estas vitaminas mostraban la protección, sugiriendo que tanto niveles deficientes como excesivos a través de suplementos podrían representar un problema».

Una cesta de la compra sin ultraprocesados ni plásticos

Por eso los investigadores del estudio recomiendan aumentar los niveles a través de la dieta y solo bajo consejo médico suplementar una vez analizados los niveles sanguíneos de la vitamina en cuestión.

En principio, la reducción del riesgo de mortalidad ante los tóxicos plásticos con estas dos vitaminas serían extrapolables a la población europea, porque la exposición a estos disruptores endocrinos es universal.

De hecho, más del 90 % de la población presenta niveles cuantificables de estos compuestos en su orina.

Por ello, los investigadores recomiendan reducir al máximo el consumo de alimentos ultraprocesados que no nutren y constituyen una fuente de exposición a los tóxicos plásticos analizados en el estudio.

¿Podrían dos vitaminas reducir el riesgo de muerte por tóxicos plásticos?
Comida procesada.

Y abogan por una cesta de la compra basada en un patrón de dieta mediterránea con verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y frutos secos, con un consumo moderado de alimentos de origen animal.

Sin olvidar tampoco dar prioridad a los envases y utensilios de vidrio y acero inoxidable sobre los de plástico.

«Junto con un estilo de vida activo y una exposición al sol frecuente pero moderada, y evitando las horas de mayor intensidad solar, creemos que esta sería la mejor estrategia para reducir la exposición y contrarrestar los efectos adversos de los disruptores endocrinos estudiados”, destacan los autores del estudio.

Además, los investigadores sostienen que las agencias regulatorias tienen un papel «decisivo» para proteger a la población y recuerdan que como ha ocurrido con la reciente prohibición del compuesto bisfenol A en envases alimentarios «sus decisiones a veces llegan demasiado tarde”.

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EFE

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