Pies de plomo
Llegamos al inicio de la recta final que llevará a Hipólito Mejía al Palacio Nacional.
Es la meta de una campaña calculada, llevada a la práctica de manera científica, con la frugalidad que impone la situación actual.
Más allá de las escaramuzas tendentes a hacer variar la realidad de que el candidato del partido blanco encabeza las encuestas, de seguro, en este tramo, seremos testigos de tácticas, que arropadas bajo el manto de la política, son verdaderos ejercicios de perversidad de gente que en esas aguas se siente en su hábitat natural.
Para el candidato del gobierno, en el escenario actual no queda de otra, más que dar luz verde a las malas artes impulsadas por políticos de alcantarilla.
Eso no es nada nuevo para el que camina por los senderos políticos y, por consiguiente, mal podría sorprender pues guerra avisada no mata soldado.
Este es un momento en el cual se deben maximizar los esfuerzos, a los fines de evitar cualquier brecha que dé pie a tergiversaciones.
Desde las fotos, saludos, fondos y apoyos recibidos, hasta quien acompaña al candidato, deben ser debidamente depurados e identificados.
Es mejor causar un disgusto que luego tener que lidiar con un gran susto.
Una propuesta política no es un solo hombre, es un equipo; la imagen que proyecta ese grupo es determinante para que los electores formen una convicción de que una opción inspira cambio y esperanza, mientras otra será mas de lo mismo.
Así pues, con un discurso de propuestas, cautela con las preguntas, manteniendo la compostura frente a las provocaciones, marcando distancia con gente que resta, con la cortesía y el inherente liderazgo alegre y carismático de Hipólito Mejía, el horizonte lucirá despejado.
Por otro lado, para aquellos que patrocinan y se benefician del uso de los recursos del Estado, compra de conciencias, los traidores, dobles agentes, mentiras, emboscadas, ganchos, cuerdas, sólo será necesario combatirlos con una simple y cautelosa actitud: Pies de plomo.