Picos alarmantes

En el país se lleva un recuento estadístico de actividades que en el pasado no eran de interés público. Ahora podemos saber cómo aumentaron los homicidios por ejecuciones extrajudiciales. Igual sucede con las muertes en accidentes de tránsito.

También tenemos un mayor seguimiento de las agresiones por parte de hombres, cuyo trasfondo son riñas, incompatibilidad y diferencias que terminan con la vida de mujeres.

En el plano de la seguridad ciudadana no andamos muy bien. Las estadísticas se incrementan a diario. Igual sucede con los embarazos y la natalidad de adolescentes.

En la inmensa mayoría de los casos se trata de padres y madres muy jóvenes, sin trabajo y con una baja escolaridad.

Las estadísticas de las mujeres parturientas, que incluye también las que superan la mayoría de edad, se multiplican. Muchas madres son solteras con dos y tres niños.

Las clínicas públicas y los hospitales de maternidad trabajan a diario por encima de su capacidad de servicio. Que todo esto suceda en un país que comparte territorio insular con otro país, acogotado por igual o peor situación en todos los órdenes, no debe pasar desapercibido.

Las autoridades, en todos los niveles, tienen que reflexionar. Todos los problemas planteados tienen un origen común.

El caos demográfico reproduce la pobreza; y esta repercute en multiplicar la carencia de muchos servicios.

Los más asfixiantes son los apagones constantes y la falta de agua potable en los cientos de hogares dominicanos. No podemos aspirar a tener un país desarrollado si no hay planificación y voluntad de control social.