Pese a Comisión, corrupción avanza

La Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción se autodefine como un organismo mixto y participativo, integrado por representantes del Gobierno, la sociedad civil y el sector empresarial.

La Comisión resulta muy expresiva, ya que reúne a una variedad de personas y organizaciones, incluidos representantes de las iglesias católica y evangélicas. Y como la ley entra por casa, todos sus integrantes trabajan de manera honorífica, o sea, no reciben ningún tipo de salario, dieta, compensación o incentivo.

Aunque es una comisión para el “combate a la corrupción” no es un organismo investigativo, ni tiene facultad de perseguir delitos de corrupción. Sin embargo, en su seno hay instituciones como la Procuraduría General de la República, la Contraloría General de la República y las iglesias, que no pueden, bajo ningún concepto, quedarse en silencio cuando de combate a la corrupción se trata.

No obstante, es un organismo que asesora al Poder Ejecutivo en materia de lucha contra la corrupción y fomento de la ética y la transparencia; y además, puede recibir denuncias y canalizarlas hacia las instancias correspondientes.

En otras palabras, hemos avanzado con las comisiones de ética, pero como Estado nos falta mucho camino que recorrer para el combate a la corrupción. Existe la necesidad de fortalecer mecanismos de transparencia que eviten o limiten la corrupción, y que de esa forma funcionen los controles que garanticen una inversión sana de los recursos públicos.