Peripecias con Alvarito Arvelo

Peripecias con Alvarito Arvelo

Peripecias con Alvarito Arvelo

Dimaggio Abreu.

El jueves 21 del corriente septiembre exhaló su último aliento Álvaro Arvelo hijo, uno de los escasos intelectuales dominicanos que ejerció con enjundia como cronista deportivo, aunque sus últimas décadas las invirtió como comentarista de temas universales en la estación radial Z-101.

En su ejercicio figura haber sido editor deportivo del periódico La Nación, donde se inició en 1958; presidió la Asociación de Cronistas Deportivos de Santo Domingo (ACD), que tres veces lo premió como Cronista del Año. Fue fundador de la Federación Dominicana de Ajedrez, la que presidió (1962-66).

En el vespertino El Nacional publicó por años la columna titulada “Temas Deportivos” y con 100 de esas tiradas editó un libro. Fue comentarista de la pelota invernal con Licey y Escogido y activó en programas de panel de radio y TV. A propósito de su deceso casi a sus 83 años, nos permitimos relatar algunas peripecias que lo involucraron.

La construcción del Complejo Deportivo La Barranquita estaba en proceso para los XV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santiago’86. En enero de ese año, la Secretaría de Obras Públicas invitó a los periodistas para verificar los avances de las obras.

El almuerzo se brindó en el restaurante “El pez dorado” de Santiago. Allí fuimos testigos de una conversación del más alto nivel sobre cine entre el secretario de Obras Públicas, Pedro Delgado Malagón y don Álvaro, en la que explayaron sus profundos conocimientos sobre películas, directores por sus obras más excelsas, cintas que definieron como “cine de autor”, freses legendarias en la gran pantalla, actuaciones legendarias de actores y actrices… En la vida volvimos a escuchar algo parecido a la conversación de estos dos regios intelectuales.

Para lo siguiente podríamos copiar el título de una novela del británico Graham Greene, “Nuestro hombre en La Habana”. Coincidimos en la Capital cubana a raíz de la celebración de los Juegos Panamericanos de 1991, junto al también periodista deportivo Domingo Batista.

Don Alvarito se obsesionó con ir al Museo del Deporte, porque quería una foto suya junto al busto del excampeón mundial de ajedrez (1921-27), José Raúl Capablanca, lo cual estaba prohibido. Con una camarita de Batista escondida ingresamos al recinto, con suerte de que no había visitantes. Con el concebido disimulo de don Álvaro y un mayor sigilo nuestro, hicimos varias instantáneas, a suerte de que los empleados no fueron estrictos con su vigilancia. Le habríamos inspirado confianza.

La ceremonia de apertura ocurrió el 2 de agosto en el Estadio Panamericano y tuve el honor de disfrutarla junto a don Alvarito, comentando entre nosotros los diferentes aspectos. Y vivimos la sorpresa de que por nuestra zona apareció la imponente figura de Fidel Castro, batiendo manos como saludo y se ubicó a unos 15 metros de distancia de nosotros. Desde allí pronunció el breve discurso que dejó inaugurados los Juegos, en medio de los aplausos de los atletas desde el terreno, de todo el público cubano y extranjero, sin distinción de ideologías.

Con Alvarito y Batista asistimos a la residencia de doña Vicenta Vélez, viuda del coronel de abril Francisco Alberto Caamaño Deñó, que como anfitriona brindó una exquisita cena a un puñado de dominicanos invitados.

Meses después nos encontramos con don Álvaro. Le inquirimos si Domingo le había entregado las fotos tomadas de manera furtiva en el museo habanero y obtuvimos un ‘no’ como respuesta. Con el trajinar que por esos años ocupaba a Batista, dudamos que don Alvarito alguna vez recibiera sus anheladas fotos junto al busto de Capablanca.



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