Percepción y realidad
Las autoridades han insistido en que ha bajado la tasa de delincuencia en el país y que la sensación de inseguridad que reina en la población es cuestión de percepción.
Por supuesto, que los funcionarios portadores de esa noticia han sido víctima de la burla generalizada y se lo han ganado por mezclar las “peras con las manzanas”.
Parece ser cierto que la cantidad de muertes violentas por cada cien mil habitantes ha bajado en el país, pero lo que mantiene a la población en zozobra es la delincuencia en sentido general, aunque esta no llegue a producir un muerto.
Por ejemplo, el caso de las dos mujeres y las dos niñas asaltadas cuando se bajaban del vehículo familiar en el ensanche Piantini no forman parte, afortunadamente, de la estadística de “muertes por cada cien mil habitantes”, pero sí son víctimas de la delincuencia que les roba la tranquilidad. Eso no es percepción, se trata de delincuencia real.
Son los robos, los asaltos y las agresiones callejeras las que tienen a la población al “salto de la pulga” y ninguna estadística puede decir que esos se han reducido. Por el contrario, se han acrecentado, porque sus causales no solo permanecen, sino que se profundizan.
Esa delincuencia es fruto de la falta de empleo para los jóvenes, de la desintegración del núcleo familiar, de la desigualdad social, de la promoción del consumismo, de la impunidad y de la incapacidad de las autoridades de prevenir el delito.
La realidad no miente y supera la percepción.
