Pensemos en el campo
La estabilidad económica dominicana depende de la confluencia de diversos sectores, incluido el de las remesas; pero, fundamentalmente, la llamada economía informal juega un papel decisivo en el día a día del pueblo dominicano.
Los analistas y profesionales de la economía plantean que hay problemas que se acentuarán en 2010, sobre todo, señalan como un indicio la vecindad de Haití y la constante migración de sus ciudadanos hacia la República Dominicana, que en su momento era hacia los campos, pero que desde hace un cuatrienio se ha volcado a las grandes ciudades.
El éxodo de trabajadores haitianos de la zona rural empieza, según los productores agropecuarios, a afectar los campos. Una situación que debería verse como una oportunidad se llora como un problema, ya que está en manos de los inversionistas agrarios ofrecer plazas y salarios atractivos a los dominicanos. Así, una parte de nuestra economía empezaría a depender de mano de obra dominicana.
El desplazamiento laboral es un indicio de que hay problemas que debemos asumir. La planificación y la reingeniería económica no pueden estar ausentes. No podemos permitir que nos acogoten los problemas para empezar a buscar soluciones. Constituye una tragedia nacional que miles de dominicanos, desde vendedores de frutas, tarjetas de llamadas, helados, accesorios de celulares y puestos de frituras y víveres en puestos fijos y con carretillas hayan pasado a manos extranjeras.
No podemos esperar que la crisis impacte en el campo y afecte el trabajo rural y la economía agrícola, porque detrás vendrá una crisis alimentaria sin precedentes. Estamos a tiempo de implementar políticas de incentivo masivo para el trabajo agrícola.