Pena y vergüenza  

El destino inmediato y futuro del país, al menos económicamente hablando, ha sido materia de análisis de muchos organismos internacionales.

Hay informes, préstamos y minutas de reuniones que ofrecen suficiente apoyo para pensar en esa dirección.

El Fondo Monetario Internacional ha reiterado que el crecimiento económico de República Dominicana es impresionante.

El Banco Interamericano de Desarrollo indica que ese mismo crecimiento se ha visto impactado negativamente por el problema eléctrico convirtiendo al país en una nación poco competitiva.

Son dos visiones, pero la que realmente preocupa es la del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que indica la pobreza de nuestro Índice de Desarrollo Humano.

¿Cómo explicar que la República Dominicana se encuentre entre los países de mayor crecimiento económico de América Latina y, sin embargo, sea uno de los más rezagados en cuanto educación, salud y otros indicadores trascendentales para medir el desarrollo humano?

La respuesta a esa interrogante podría ser muy compleja, pero hay que buscarla.

El país atraviesa por la vergüenza de estar en los últimos lugares en educación y quizás a partir de ahí se deriven todas las respuestas.

A un pueblo mal educado se le dificulta discernir sobre lo realmente trascendente y de cuáles elementos tomar en cuenta al evaluar a sus gobernantes.

El informe de Desarrollo Humano presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo no deja lugar a dudas de lo poco estratégicas que han sido las inversiones públicas en la República Dominicana.

Hoy toda la nación debe sentirse apenada y la clase dirigencial avergonzada.