El alto consumo de azúcares, en especial fructosa, presente en alimentos precocinados y bebidas, podría estar detrás de la obesidad y las enfermedades asociadas a ella, conocidas como síndrome metabólico, aseguró en Nature Robert H. Lustig, neuroendocrino estadounidense conocido por su cruzada contra la fructosa. Argumenta que esta sustancia es tan tóxica como el alcohol.