¡Pedernales! O irse bien lejos de la capital sin tener que salir del país

¡Pedernales! O irse bien lejos de la capital sin tener que salir del país

¡Pedernales! O irse bien lejos de la capital sin tener que salir del país

La brisa ha estilizado este árbol de nin en Enriquillo, Barahona.

Santo Domingo.- Cuando Sócrates Nolasco inició en 1927 el viaje a Pedernales para fundar una colonia pensada como guardiana de la frontera en un punto ocupado por los haitianos hasta Oviedo, debe de haberlo hecho en barco.

Esto ocurría en la última administración de Horacio Vásquez. Y si es posible dar una fecha para el primer centenario, debería ser el 1 de septiembre de 1927, por el asentamiento de los primeros colonos.

Mucho antes, en enero de 1911, el presidente Ramón Cáceres (Mon), al que iban a matar en noviembre, había mandado al general Alfredo Victoria al frente de 800 hombres de línea a “restablecer la violada soberanía dominicana”, como lo cuenta Pedro Troncoso Sánchez en su biografía titulada Ramón Cáceres (Pág. 371, 1972).

Desde 1927 guardar la frontera ha sido tarea de los colonos.

Dentro de cinco años cumple el municipio de Pedernales el primer siglo de fundado. Fue para aquellos días una aldea de la provincia Barahona, armada con gente llevada de Duvergé, Villa Jaragua y otros lugares. En 1957 fue declarada provincia.

Llegar hoy a Pedernales desde la capital se toma de 5 a 6 horas, no por los 309 kilómetros, sino por las condiciones de la vía. Las curvas resultan inexplicables, a menos que fuera trazada persiguiendo a una iguana o haciendo el trazo por los lugares apropiados para el paso de un caballo.

Entre Oviedo y el municipio de Pedernales, por donde no había nada para impedir una vía recta, las curvas pueden ser muy cerradas y hoy día los bordillos de defensa o “quita miedo”, puestas como protección al borde del paseo de la vía están bastante machacadas en estas curvas, sin duda por los golpes de quienes no pueden cogerlas como debe ser o no conocen la carretera.

Dos ritmos de vida

Pedernales ha visto en el pasado momentos de esplendor con la explotación de la mina de bauxita en lo alto de la sierra, operación de la que se ven los socavones y los mechones de roca coronados o moteados de tierra roja.

El mineral está siendo explotado hoy día por la empresa Dovemco, que exporta la tierra a China, pero ya no produce la vitalidad de aquellos días, concluidos en 1983, cuando cerró la Alcoa.

Pedernales vuelve ahora a tener aliento por el turismo interno, que le ha impreso dos ritmos de vida: uno, los fines de semana, con la presencia masiva de visitantes que comen, beben y se trasladan de uno a otro de los puntos de interés, y otro, de lunes a jueves, en el que se comportan como aldeanos simples ligeramente trastornados por el mercado binacional del lunes.

Algunas actividades, como la conducción de botes que trasladan a turistas desde La Cueva de Cabo Rojo hasta exótica Bahía de las Águilas, es trabajo de pedernalenses, pero el más básico, como es la mano de obra, está cubierto por haitianos.

Los empleados del comercio de nivel medio son haitianos, los hoteles también los emplean, ¿por qué? Porque están dispuestos a realizar esta labor, bastante animada durante tres días, pero desvitalizada cuando hay menos visitantes.

Expectativas

Todos esperan por las grandes inversiones, dominicanos y haitianos, y se preparan para ese día. El gobierno contribuye a través del Infotep y las Escuelas Vocacionales de las Fuerzas Armadas, pero ellos miran con desconfianza la propaganda oficial, en la que algunos ven espuma para entretener a quienes ven a Pedernales a través de la prensa y redes sociales.

En este paquete también ponen el muelle para cruceros, recientemente anunciado por el presidente en persona, con base en el viejo puerto por donde la Alcoa sacaba del país la bauxita, Andino el cemento y Dovemco exporta todavía la tierra roja.

El aeropuerto, con el que hay recelos por estar siendo proyectado más cerca de Oviedo que de Pedernales, por ejemplo, no da muestras de avance. Los grandes inversionistas llegarán un día, pero cuando esto suceda temen quedarse como convidados a mirar en la fiesta.

La base de este temor es La Cueva de Cabo Rojo, hasta donde una vez llegaban los haitianos, luego había gente a quienes se les compraba pescado y se les pagaba el trasporte a la playa icónica del municipio, pero donde ahora hay restaurantes y por lo menos uno de ellos en el que se puede amanecer mediante acampamiento, que algunos aprovechan para dormir en una carpa.

Las grandes inversiones acaso también desplacen más adelante a estos operadores de un negocio vitalizado por el turista local.

— Desconocido
Estar en Pedernales y preguntar a la gente quién fue Sócrates Nolasco puede deparar una decepción. Nadie parece saber que fundó la aldea de colonos.



Miguel Febles

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