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Parroquia conmemorará el 802 aniversario del natalicio de Santo Tomás de Aquino con diversas actividades

Por : Virgilio Lora Gómez

Santo Tomás de Aquino nació el 28 de enero de 1224 en el castillo de Roccasecca, cerca de Aquino, ciudad de la provincia de Frosinone, situada en la región del Lacio, Italia, en el seno de una numerosa y noble familia de ascendencia germánica.

Su padre, Landolfo de Aquino, descendiente de los condes de Aquino, estaba emparentado con el emperador Federico II. Su madre, Teodora, era hija de los condes de Taete y Chieti.

El fraile dominico Santo Tomás de Aquino fue el menor de nueve hermanos. Según la tradición, un santo ermitaño llamado Bonus predijo a su madre que su hijo ingresaría en la Orden de Predicadores y alcanzaría la santidad.

A los cinco años recibió sus primeras enseñanzas en la abadía de Montecasino, donde uno de sus tíos ejercía como abad. Sus biógrafos —Guillermo de Tocco, Bernardo Guido y Pedro de Carlo— destacan su temprana y profunda devoción religiosa; relatan que, siendo niño, solía aferrarse a un papiro en el que estaba escrito el Ave María.

Inició allí su formación en gramática, moral, música y religión, hasta que en 1239 el emperador Federico II decretó la expulsión de los monjes. Como consecuencia, Santo Tomás continuó su educación en la Universidad de Nápoles, donde estudió las artes liberales, el currículo académico de la época, y entró en contacto con los principios de la lógica aristotélica.

En 1244, a la edad de diecinueve años, decidió ingresar en la Orden de los Dominicos, influido por la amistad con el maestro general Juan de Wildeshausen, cuya vida austera e intelectual lo atrajo profundamente tras conocerlo en un convento de Nápoles.

Esta decisión contradecía los planes de su familia, que aspiraba a que sucediera a su tío como abad de Montecasino. Al enterarse de que se dirigía a Roma para iniciar el noviciado, sus hermanos lo secuestraron y lo mantuvieron retenido durante más de un año en los castillos familiares de Monte San Giovanni y Roccasecca, con la intención de obligarlo a renunciar al hábito dominico.

Durante su cautiverio, Santo Tomás dedicó su tiempo a impartir clases particulares a sus hermanas y a mantener contacto con miembros de la Orden de Predicadores. A pesar de los reiterados intentos de su familia por disuadirlo, permaneció firme en su vocación.

Según la tradición, en un último intento desesperado, sus hermanos recurrieron a una mujer para apartarlo de su propósito. La leyenda relata que Santo Tomás la rechazó empuñando un hierro al rojo vivo y que, mientras dormía, dos ángeles se le aparecieron para fortalecer su decisión de permanecer casto.

Al comprobar que todos sus esfuerzos habían fracasado, su madre, Teodora, optó por preservar el honor familiar y facilitó su huida durante la noche, permitiéndole escapar por una ventana de su habitación para dirigirse a París, Francia, y así continuar su formación lejos de la influencia familiar.

En París sorprendió a los dominicos por su disciplina intelectual, dedicándose intensamente a la lectura y memorización de la Biblia y de las Sentencias de Pedro Lombardo, así como al estudio de las Refutaciones sofísticas de Aristóteles, textos fundamentales de la enseñanza canónica de la época.

Santo Tomás de Aquino falleció el 7 de marzo de 1274 en la abadía de Fossanova, en los Estados Pontificios, a la edad de 50 años. Fue proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Pío V el 11 de abril de 1567.

Con motivo del 802 aniversario de su nacimiento, la parroquia Santo Tomás de Aquino celebrará una agenda especial de actividades conmemorativas, según informó su párroco, fray Ramón Alberto Núñez Holguín.

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