Casarse por interés es una apuesta en la cual probablemente se cambia el amor por la seguridad de adquirir algo. Históricamente el matrimonio por interés era la norma.
Con frecuencia quienes forjaban las uniones desde que los hijos eran infantes eran los padres, casaban por patrimonios, por apellidos, por estatus social y no por enamoramiento. Luego evolucionamos hasta que llegamos a las parejas que se unen por amor romántico.
Existen varios tipos de intereses para que una persona se una a otra y formen un matrimonio. El interés económico, interés social, salir de una situación familiar difícil, tener descendencia o tener compañía. En estas uniones muchas veces hay un contrato implícito claro en el que cada miembro de la pareja sabe lo que aporta y lo que espera de la otra. Más, generalmente este contrato no es explícito sino engañoso. Se finge amor para lograr los objetivos y suceden situaciones importantes.
En algunos casos, la evolución es el enamoramiento llegando al amor maduro. En otros, desaparece el motivo del interés siendo imposible continuar. Es muy interesante que no siempre estos matrimonios son infelices.
Contrario a lo que se espera, muchos funcionan cuando deciden respetarse mutuamente y ser leales, dependerá mucho de los valores de cada uno de los integrantes de la pareja.
Cuando no existen los valores, cualquier desequilibrio en esas expectativas que se tiene del otro podría arruinar esa relación. Ejemplo de esto es cuando la persona que se quiere beneficiar económicamente entiende que ya el otro no es capaz de suplirle lo que pretendían, cuando enferma el que no está interesado y el otro tendría que cuidarlo, cuando cualquier expectativa que tenía el interesado no se cumple.
De todos modos, lo importante es tener conciencia de que busca su pareja en usted y la relación para que no haya sorpresas desagradables.
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