La norma absoluta en la primera mitad del siglo pasado, siglo XX, era casarse para preservar la raza, el patrimonio y el estatus, entre otras cosas. En muchos lugares era la única opción permitida.
En Estados Unidos, por ejemplo, las leyes contra el mestizaje estuvieron vigentes hasta 1967 y en Sudáfrica estaban prohibidos los matrimonios interraciales hasta el 1985.
Las sociedades y las normas han cambiado y ya una pareja interracial esencialmente no es distinta a otra pareja: enfrentando desafíos, negociaciones, proyectos de vida, rutina familiar, comunicación.
Sin embargo, cada persona miembro de esa pareja, trae en su espalda una historia cultural, una lengua materna diferente, temas religiosos, diferencias de los hábitos alimenticios, costumbres sociales y más, que tienen impacto en sus vidas y en su entorno que hacen un poco más compleja la vida en pareja y familiar.
El mayor obstáculo de esas parejas viene de su entorno familiar y social porque todavía existen prejuicios.
Los estudios hechos en los últimos tiempos coinciden en que las parejas interraciales duraderas son las que saben que hay una diferencia de color, cultural, racial, pero las respetan y las incorporan a la relación para poder resolver las situaciones.
Las negociaciones se hacen más complicadas, mas no constituye un problema, siempre que, además del amor, se mantengan la responsabilidad y el respeto básicamente.
El amor romántico es amor sin importar la raza o la historia de cada uno, sólo que las parejas interraciales tienen que aprender a manejar otros aspectos que las intrarraciales no.