Parece una burla
Cuando se desató la noticia de que el oficial jefe de la dependencia de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) en el aeropuerto de Las Américas había amenazado a un grupo de periodistas con incluirlos gratuitamente en expedientes de narcotráfico, se produjo un rechazo general contra ese funcionario, que se califica a sí mismo como un arbitrario.
Tanto así que el propio mayor general Rafael Rosado Mateo, presidente de la DNCD, anunció la suspensión del oficial de marras, coronel Johan Liriano, para fines de investigarlo y adoptar las medidas correctivas correspondientes.
El coronel Liriano, sin embargo, ha sido visto en días recientes ejerciendo con las mismas funciones en el aeropuerto de El Higüero, situación ésta que deja mal parada la credibilidad de la institución a que pertenece.
Las amenazas proferidas por el truculento oficial conservan, pues, la misma peligrosidad, no solamente para los periodistas involucrados, sino también para la sociedad en general, que quedaría privada de su derecho a saber qué está pasando en su entorno si los comunicadores caen en el error de autocensurarse por temor a ser víctimas de las bravuconadas de un oficial arbitrario, investido de poder para incluir o excluir personas en los expedientes de narcotráfico.
EL DÍA reclama una explicación convincente de este caso, que no debe terminar sin la exclusión del coronel Liriano del área en que se encuentra y la garantía, para los periodistas y la sociedad, de que la libertad de prensa será rigurosamente respetada.
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