Para salir del círculo
Basta con detenerte 15 minutos en una intersección digamos que en Lincoln con 27- para tener noción de un absurdo que lleva a esta sociedad patas arriba y la pone en la ruta que la convertiría en una casa tomada por el crimen.
Verás rodando una ofensiva abundancia de automóviles de alto consumo, las últimas novedades del transporte individual que, por sus marcas y precios, no guardan relación alguna con la creación de riqueza que desde la medición del Producto Interno Bruto (PIB) nos explica el Banco Central.
Me dirás que eso es progreso y, especialmente, robustez en la economía, con su consabida estabilidad a largo plazo en los principales indicadores.
En un tono doctoral, tratarás de convencerme que vivimos un verdadero milagro económico.
Y, claro, no podría llamarse de otra manera aunque sea espuria- a un paralelismo tan ininteligible entre un precio del petróleo montado en las nubes con secuelas semanales en los combustibles locales- y una creciente demanda de autos de ocho cilindros, por ejemplo.
Pero escúchame. No seas tarado. ¿No ves que en esos autos va gente que hace poco era pobre de consolación o clase media atrapada como el jamón del sandwich, entre la amenaza de los de abajo y la presión de arriba?
Me insistirá en que eso no es más que una notable mejoría del coeficiente de Gini y, en consecuencia, de la calidad de vida de la gente. Fíjate me dirás orondo- que Pedrito, el que era delivery de tu colmado, ya compró en La Romana y está en lista cercana de espera para su ingreso al club náutico.
Esto te indica, tonto soñador, que en distribución equitativa del ingreso nos alejamos de Namibia y nos aproximamos a Suecia.
Es entonces cuando veo el titular en el periódico: Matan de un tiro a taxista, para robarle. Se trataba de Esteban Reyes muy cercano a mi familia-, otra víctima de gente que quiere hacerse visible, que sueña con la suerte de Pedrito, de conseguir dinero rápido y fácil para salir del círculo de la exclusión social.
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