Para lo que importan los escritores… - El Día Columnas

Para lo que importan los escritores…

Para lo que importan los escritores…

Roberto Marcallé Abreu

Roberto Marcallé Abreu
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En verdad, no soy muy dado a participar en eventos multitudinarios. Solo que no pude rehusarme a la invitación formulada por escritores del interior a pronunciar unas palabras sobre la situación del escritor dominicano.

El escenario, el Club Libanés Sirio-Palestino. Conocí y saludé al licenciado Luis Abinader, a quien hice obsequio de algunos de mis libros, y recibí agradecido las atenciones suyas y de Tony Raful quien me insistió tocar a fondo el tema.

He aquí algunos párrafos de cuanto dije: “Albert Camus, autor excepcional, hablaba de la disposición personal cuando se piensa en grandes propósitos. Instalo mi lucidez en medio de aquello que la niega. Exalto al hombre ante lo que lo aplasta y mi libertad, mi rebelión y mi pasión se unen entonces en esta tensión, esta clarividencia y esta repetición desmesurada”, decía.

“Años atrás visité una monumental edificación del Union Square neoyorquino. Refinada arquitectura y millones de miles de libros. Títulos y autores relevantes de Latinoamérica. Y, detrás, la pesadumbre de tropezar apenas con dos o tres de origen dominicano, ya nacionalizados estadounidenses que escriben en Inglés.

No poseemos el orgullo de mostrar ante el mundo un autor contemporáneo nuestro identificado plenamente con cuanto somos y significamos como pueblo, historia, idiosincrasia. Pese a que entre nosotros hay novelistas, cuentistas, poetas, dramaturgos y ensayistas que deberían ser objeto de reconocimiento universal.

“No han existido los esfuerzos orientados a darle un lugar relevante a nuestros escritores. Vivimos en un doloroso estado de orfandad en el que nuestro destino no cuenta.
“Para lograr grandes metas debe existir el propósito, la capacidad, el ímpetu para alcanzarlas. Y una inteligente coordinación entre los responsables culturales, el ejercicio diplomático y una estrategia de trabajo multidisciplinaria.

Recuerdo un personaje muy creativo que fue nombrado en un cargo diplomático y, en contadas semanas, ya nos frecuentaban personas del mundo editorial foráneo. En semanas se publicó una excelente antología de relatos.

¿Qué se puede esperar de esta cancillería que nos gastamos? ¿A cuál de sus “jefes” se les ocurre pensar en proyectos de esta naturaleza?

Una vez tuvimos en el país una representación física de editoras internacionales. Sus propósitos fueron de inmediato distorsionados y cierta gente los hizo reorientar sus esfuerzos hacia vías comercialmente más jugosas. Se desdeñó la internacionalización de nuestra literatura.

Colocar el país en el mapa de las letras universales es posible. Cultura, relaciones, intercambios esenciales, comercio, docencia, investigaciones. Y una dignificación para nuestros desdeñados escritores.

Somos un universo ignorado, desbordado de fantasías y misterios, historias que cautivan, un ser nacional único y multifacético. El marco perfecto para una gran industria de la imaginación y la creatividad.

Solo que el escritor no es más que un don nadie abandonado a su suerte. El organismo cultural es un antro de nóminas escandalosas y una esterilidad absoluta. El escritor no tiene representatividad, no cuenta, no existe. Hasta los concursos literarios de esa entidad que en alguna ocasión disfrutaban de cierta relevancia hoy provocan la mayor de las vergüenzas.

Hagamos un aparte con el caso de los Premios Nacionales de Literatura. Alguna vez se soñó con publicar parte de sus obras, estimularlos para que pudieran seguir produciendo en paz y sin angustias, ser proyectados como orientadores, docentes, ensayistas.

Esos valores irrepetibles están inmersos en la limitación y el silencio. Solo a la espera de su desaparición física y la de su obra.

Soñemos que una nueva concepción provoque un cambio en este inconcebible estado de cosas. El escritor turco Nassin Holmes proclamaba que “has de tomar en serio el vivir porque aún teniendo los triunfos y los logros atados a la espalda, has de saber morir por los hombres. Eso es lo que siento por mi Patria”. Muchísimas gracias.



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Roberto Marcallé Abreu

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