Papá: palabra sagrada
David Alvarez Bargó llegó a Santo Domingo en el verano del 1955, junto a centenares de compatriotas españoles, debido a un acuerdo entre Trujillo y Franco.
En una maleta tenía todas sus pertenencias. En junio del 1996 él regresaba a España con sólo una maleta donde cabía todo lo que tenía. En República Dominicana debaja dos hijos dominicanos y su esposa, española también, muerta hacía 4 años. Él era mi papá, quien murió en el 2008 en su Galicia natal.
La palabra papá es sagrada para mi, por la memoría intachable de la vida de mi padre, su honradez y su laboriosidad sin límites. Salvo él, sólo me atrevo a usarla con Dios y el P. Rafael Torres, redentorista, quien me formó como cristiano. Sólo mis tres hijos tienen derecho a llamarme así.
Lamentablemente vivimos en una sociedad donde la paternidad es precaria y muchas mujeres han tenido que criar solas a sus hijos. Incluso el trujillismo pervertió el concepto usándolo como mecanismo de manipulación. Que al iniciarse el siglo XXI sea un slogan de campaña política delata la falta de valores que nos hunde en el cieno.
Considerar a un candidato como papá es una aberración tan honda que únicamente muestra el germen del machismo que nos arropa y la vanalidad con que se asume en nuestro medio ser un padre de verdad. Nada bueno se puede esperar tras esa candidatura si ese es su slogan.
Quien se respete a sí mismo únicamente debe emplearla con quien es debido y cualquiera con talante moral debe aceptar que se le llame así sin serlo.