Pandemia coronavirus

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Wilfredo Mora
Wilfredo Mora

El coronavirus no es un vocabulario. Aunque es un virus que mata, podemos matarlo a él. Para ello es necesario que reconozcamos al enemigo.

El pánico del coronavirus tiene su origen en una pandemia universal que se denomina la epidemia de la superproducción mundial.

La mayor parte del tiempo la sociedad occidental o burguesa, funciona como una carrera con sí misma y produce una cantidad tan exorbitantes de productos y bienes de servicios, pero si se rompe el orden del capital que la empuja y desencadena una eventual crisis, no importa el nombre que se ponga, surge el miedo y el pánico.

El coronavirus, de continuar y no encontrarse la cura, estallará en una sublevación, con consecuencias catastróficas y con carácter de inmediatez mundiales.

República Dominicana no es un país en que se pueda confiar si hay enfermedad. La situación general del virus es que ha habido a su alrededor blandura, pero necesita identidad para comprender la trascendencia problema.

Morir, entonces, será como una trampa, pero aun así se puede hacer un estudio sobre las condiciones de vida de los barrios populares, pues desconfiamos de los datos sanitarios existentes.

Nuestra ciudad ruidosa y presa de la politiquería, ahora está vacía y desolada. Fue más o menos el día que abarrotaron las tiendas para abastecerse de productos cuando nuestros conciudadanos empezaron a inquietarse del coronavirus; mientras en Italia, se desbordaban los cadáveres.

La prensa, las redes sociales se han ocupado de alimentar más nuestra información sobre el virus, mientras adoptamos una falsa percepción de seguridad.

Oímos decir, los guantes no sirven, los barbijos o mascarillas sólo deben usarlos los que tienen tos, y cuantas cosas más. Pero, aun así la situación se agrava.

La peste del coronavirus contiene no sólo es lo que la ciencia pone en ella, sino una larga serie de imágenes que nos ayudan a convivir con la ciudad. Santo Domingo, pronto verá alguien morir de la epidemia.

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