País de prórrogas
El feriado religioso de Semana Santa, que inicia, conecta directamente con la idiosincrasia que tenemos los dominicanos de posponer.
Los problemas de algunas dependencias del Estado entran en un proceso de invernadero, tanto nacionales, como políticos, particulares e institucionales. Muchas soluciones se quedan para verlas después de Semana Santa.
La atención pública y los niveles de seguimiento de la población quedan cortados por la Semana Mayor, como si se tratara de un poderoso sable. Decaen las noticias sobre la antología de los grandes problemas que tenemos y con los cuales hemos convivido durante décadas.
Nos preocuparán menos pero no desaparecerán- los apagones, el alto costo de la vida, la delincuencia y la corrupción. No se trata de un consuelo o un indicio de impotencia ante cuanto acontece y deteriora las condiciones de vida del país.
En la medida que nos adentramos en la cultura de la prórroga vamos perdiendo el país. Vamos perdiendo los caminos hacia el desarrollo, nos sumimos en un pesimismo contagioso y que puede tener sus efectos en países de los que somos socios comerciales. Si seguimos así y no trabajamos en las soluciones- nos quedaremos sin futuro inmediato.
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