Pagamos el caos
De manera recurrente, y sin que se pueda percibir a simple vista, los contribuyentes aportan dinero directa e indirectamente para que las autoridades enfrenten el caos en las calles y las carreteras del país.
Si no hubiera una cultura creciente y amenazante del caos y el desorden vial, la Autoridad Metropolitana de Transporte (Amet) no tendría que habilitar un presupuesto especial para lanzar lo que denomina “Equipo Águila” a la calle, y que consiste en una unidad motorizada con la misión de controlar el flujo irregular y no autorizado por túneles y elevados.
Y tienen que hacerlo por la constante violación que se produce en dichas vías, ya que por ahí no pueden transitar motocicletas, transporte de carga o vehículos de pasajeros. No se trata de que los violadores ponen en riesgo su integridad física.
También atentan contra la seguridad y salud emocional de otros que, con apego a las leyes, se desplazan por dichas vías.
En términos presupuestarios los violadores de dichas disposiciones también afectan la economía de terceros. El hecho de que se produzcan incómodos entaponamientos repercute en el consumo individual y del país de la cantidad de combustible que hay que comprar con divisas.
De manera que el caos en túneles y elevados lo estamos pagando los dominicanos con dinero, con tiempo de consumo de combustibles, y en muchos casos, con la vida, debido a los accidentes que se producen.
Se trata de un tema que requiere más campañas educativas que ayuden a reducir presupuestos que deberían emplearse en otras áreas de mayor beneficio para la sociedad.
