Padres, madres y calidad de la educación
Un actor imprescindible en el proceso de mejoramiento de la calidad de la educación que reciben nuestros niños, niñas y adolescentes es la familia. Padres y madres.
Tutores. Por ejemplo, el Ministerio de Educación ha anunciado que incrementará los controles de calidad y los parámetros con los que se evaluará la alimentación escolar. Debiera idearse una forma de involucrar a las familias en la comprensión de estas medidas y en el seguimiento de las mismas.
La anunciada, es una medida correcta, que junto con el mejoramiento de la calidad del magisterio, la dotación de equipos y mobiliario, de la infraestructura escolar y otros factores, constituyen el eje de mejora continua de la calidad, que es una demanda social ya generalizada y un compromiso de las autoridades del sector.
Pero la noción de calidad de la educación y de su impacto en el futuro de nuestros niños, niñas y adolescentes me luce débil entre padres y madres. Y es fundamental que se desarrolle esa noción y esa perspectiva. Es un asunto de capacidades y derechos, como ha planteado la oficina de desarrollo humano del PNUD.
Involucrar a las familias en la comprensión y demanda de calidad es un reto para las autoridades de educación y para los movimientos sociales que reclaman su mejora. Pero no es sólo un reto, es una oportunidad. En múltiples sentidos. Repercutirá no sólo en la educación, sino también en el proceso de construcción de ciudadanía.
Entonces, ¿comenzamos a comprometer a madres, padres y tutores? O seguirán siendo los grandes ausentes del debate y la concepción de la educación como una prioridad nacional.
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