Pacto social, pacto fiscal y reforma fiscal integral

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El debate que se ha desatado en torno a la llamada reforma fiscal ha concitado la atención de casi todos los expertos en la materia. Es el tema obligado de estos días puesto que todos entendemos que de no hacerse pronto nos encontraremos con un país sin recursos, sin salidas y sin estabilidad económica y política.

Esta discusión ha involucrado a sectores sociales y económicos de los que se considera serian los más afectados, especialmente a los empresarios, a los poderosos intereses del turismo y al sector financiero entre otros. El discurso del presidente del CONEP, el señor Manuel Diez Cabral, ante la Cámara Americana de Comercio, resume la visión que sobre el particular tiene este sector: rebaja de impuestos, más exenciones impositivas y austeridad en el gasto público para que no nos pase lo mismo que a los PIGS-Portugal, Irlanda, Grecia y España-.

Sin embargo resalta el hecho de la ausencia en este debate de planteamientos provenientes del sector de los trabajadores y de los sindicatos, de los defensores de los asalariados y de los trabajadores del sector informal etc. Los medios han estado copados por opiniones de economistas y expertos tributarios que promueven solamente la visión de los empresarios.

La presencia de estas voces se hace imprescindible ya que una verdadera reforma fiscal integral, la cual ha sido postergada por tanto tiempo, debe ser de fondo y no solo de medidas aisladas, para que se logre el objetivo de promover el crecimiento económico sostenible y la redistribución de la riqueza nacional, con el combate a la pobreza como eje estratégico principal.

Es por ello que Danilo Medina, en el debate organizado por la AIRD, explicaba que: “Ya dije al principio que nuestro objetivo es lograr nuevos niveles de desarrollo y justicia social…para lograrlo es preciso que junto al pacto social alcanzar un pacto fiscal…”. Este pacto social que Medina considera fundamental para lograr el pacto fiscal es la “llaga” sobre la cual tendrá que poner su dedo el presidente electo. También expreso “no podemos obviar aspectos cruciales como la reducción de la evasión o la mayor justicia fiscal…” en un país donde los impuestos afectan principalmente a los asalariados y a los pequeños productores, de continuar así esto nos conduciría irremisiblemente al estancamiento.

El propio Danilo Medina reconoce que luego que se establezcan las bases de un pacto social el resto es pan comido. No se hará necesario la subida de más tasas, ya que esto tendría un efecto negativo en los niveles de ahorro y de demanda de bienes. Contrario a esto lo que se necesita es una política fiscal progresiva, que impulse el desarrollo de la pequeña y mediana empresa, que incorpore a los sectores de la economía informal, a la mano de obra extranjera, a las ONG’s, a las Iglesias, al sector educativo privado, a los casinos, a los beneficios de las zonas francas, al turismo, a los intereses de los grandes ahorros y otros más. Que se eliminen las onerosas exenciones y privilegios fiscales innecesarios de que disfrutan ciertos sectores empresariales y que en definitiva el que gane más que pague más y el que gane menos pague menos.

Se hará necesario también cierto grado de renegociación de la deuda pública, cuyo servicio en intereses y capital consumen más del 42% de los ingresos tributarios hoy día. No se haría necesario cortes drásticos en el nivel de la empleomanía pública, de cuya culpabilidad no se escapa nuestro “eficiente” sector privado.

Para ser integral la reforma fiscal deberá contemplar, además de la reforma tributaria, el mejoramiento de la calidad del gasto público, persiguiendo la corrupción administrativa; eliminando los gastos superfluos en que incurren las instituciones-viajes innecesarios, asesores, sobrepoblación de vices, servicio exterior etc.; cortando las duplicidades tanto por funciones como por puro clientelismo, y enfocarse en la inversión social en salud, educación, justicia y seguridad social y ciudadana, entre los más importantes.

La reforma fiscal integral tendrá que contemplar una ejecución racionalizada del gasto y una reducción de la deuda. El manejo de esta es de suma importancia y podría estar determinando la eficacia o no de la reforma fiscal. Una suerte de censo fiscal es conveniente realizar, puesto que al momento del pacto social, el Estado debe de conocer con precisión la composición de la estructura tributaria como un mecanismo que facilite la distribución equitativa de la carga impositiva.

Bernardo Fuentes, un economista del sistema, se ha dado cuenta perfectamente de lo que realmente significa este proceso: “Yo pienso que esta cuestión de la reforma fiscal integral, más que un asunto de propuestas, se trata de pactos. Es decir, un pacto social donde intervengan todos los sectores y cada quien asuma su responsabilidad”.

Reducir el déficit social acumulado históricamente, como secuela de la implementación de las políticas neoliberales que nos han azotado a lo largo de todos los gobiernos que hemos tenido en los últimos 25 anos- del PLD, PRD y también los últimos del Dr. Balaguer- deberá de convertirse en la prioridad A-1 del gasto público, aunque para ello haya que disminuir el ritmo de las obras de infraestructura que el actual gobierno viene ejecutando, fundamentalmente con préstamos internacionales-Metro, elevados capitalinos…-como parte de “corregir lo que está mal” ya que en materia fiscal hay poco para “continuar lo que está bien” y ponemos mucho en duda de que si este pacto social y su consecuente reforma fiscal no resultan en una mejor distribución del ingreso, habrá pocas posibilidades de “hacer lo que nunca se hizo”.

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