Pacto de la catacumba, voz de los profetas 2 de 2
Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y los grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que perjudique a otras personas de la diócesis.
-Es la opción preferencial por los pobres que muchos eclesiásticos han vuelto a colocar en el cajón de los olvidos, al tiempo que tachaban esa exigencia evangélica de tendencia marxista de la Teología de la Liberación.
-Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y trabajadores, compartiendo su vida y el trabajo.
-La corresponsabilidad de los laicos en la evangelización es una de las traiciones más evidentes de la jerarquía al espíritu del Concilio. La Iglesia-pueblo de Dios ha vuelto a ser Iglesia-piramidal, dominada exclusivamente por los clérigos. Los laicos ni están ni se les espera. Y mucho menos, si son mujeres.
– Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus mutuas relaciones, procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes.
-Gracias a instituciones como Cáritas o Manos Unidas, las instituciones samaritanas de Iglesia han podido seguir haciendo caridad y justicia, asistencia y promoción social. Pero con problemas y sintiéndose permanentemente vigiladas por algunos prelados.
-Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro Gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, así, para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios.