Otra reflexión

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

Juan Pablo Duarte no dejó una obra teórica como la de Martí, en la cual expusiera con amplitud su pensamiento. Pero del ideario que pudo rescatarse se puede asegurar que en el mismo se condensan los postulados de una revolución democrática y nacional que nuestro Patricio inició y que aún está inconclusa.

Más que nacionalista, Duarte fue un patriota. El nacionalismo jugó un papel en la época de las revoluciones que, principalmente en Europa, el siglo diecinueve, superaron el poder feudal e instauraron las clásicas repúblicas burguesas. Pero ese nacionalismo sirvió luego de doctrina para que las mismas burguesías triunfantes se convirtieran en potencias coloniales y suprimieran la independencia nacional de los países colonizados. Y de pretexto político para implantar regímenes fascistas tan feroces como los de Hitler, Franco, Mussolini y otros. Hoy sirve de estandarte a Donald Trump y sus aliados.

El nacionalismo degeneró en una bandera política de la burguesía imperialista. El patriotismo, en cambio, ha sido y sigue siendo democrático, popular, y precisamente en esa categoría encaja Duarte.

Sus ideas, aunque influidas por corrientes políticas europeas de aquella época, adquieren un valor diferente en la realidad histórica de nuestro país. Por ejemplo, el liberalismo del Patricio, estuvo combinado con un concepto de soberanía e independencia que nunca previó el dominio de otros pueblos, sino que rechazaba radicalmente la dominación y la injerencia de cualquier potencia extranjera, “o se hunde la isla”, dijo; la idea de la división de los poderes del Estado, del poder municipal, el más cercano a la población, como el cuarto de esos poderes; el concepto de la libertad personal y la rectitud de su conducta moral, le dan al ideario de Duarte un sentido mucho más progresista y avanzado que el nacionalismo estrecho de las burguesías de las grandes potencias.

El asunto adquiere interés y actualidad, porque es inadmisible que el nacionalismo de Duarte se tergiverse, y en su nombre se aliente el chovinismo, el odio a otros pueblos, el racismo y la xenofobia. Peor aún si quienes se escudan en él se callan ante la injerencia de la potencia que, con la complicidad de todos los gobiernos, nos interviene hasta militarmente.

Hay que disipar la niebla que rodean a Duarte y sus ideas. Que no hayan cristalizado en una nación libre y una República democrática y soberana, no le resta validez, sino que nos colocan ante el desafío de llevar a su feliz culminación la obra patriótica y revolucionaria que aún está inconclusa.

Sobre el autor

Rafael Chaljub Mejía

Columnista de El Día. Dirigente político y escritor.