Cunando el fuego destruyó la casa de Katherine Stone, en Seattle, Estados Unidos, no podía encontrar una solución. Su familia no estaba asegurada y no tenían dinero para arreglarla.
Dos años después del trágico hecho que se llevó su hogar, la joven de 20 años se encontró camino a un prostíbulo en Nevada donde subastaría su virginidad al mejor postor.
“La gente dice que uno debe hacerlo por amor. Si se piensa bien, hago esto porque amo a mi familia”.