Otra lectura de Attalí

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No me inclino por lanzar ditirambos al poder ni tengo talento para el limpiasaquismo.

Presto servicio –con mucho orgullo y sentido de identidad- en una institución del Estado, y ninguna turbulencia personal implicaría para mí prescindir de los ingresos provenientes de esa fuente.

No ocupo un puesto estatal como resultado de un botín político. Me escogieron –valga la modestia- por mi talento siempre bien retribuido en el sector privado. No necesito canonjías ni las acepto.

Hago la salvedad por una razón: hablaré bien del Gobierno y, particularmente, del presidente Leonel Fernández.

He visto el desparpajo irónico con que ciertos entes de opinión –algunos repetidores de saberes codificados y otros montados en el carro de una oposición en descrédito- le construyen sentidos halados por las greñas al Informe Attalí, ahora convertido en libro por iniciativa oficial.

Haber ordenado el citado documento a una comisión del nivel que lo trabajó no podía ser, bajo ningún concepto, para conseguir una alfombra de pétalos sobre el Palacio Nacional.

Por tanto, me parece valiente el apadrinamiento, por parte del Gobierno, de un estudio que levanta sus propias epidermis sin anestesia, escruta las entrañas sociales despiadadamente y saca al sol unos trapos que –si bien sabíamos que estaban ahí- no los habíamos palpado en la dimensión en que Attalí los retrata.

El Gobierno ha pagado por una crítica que pone en evidencia sus falencias y las de la propia sociedad.

Curiosamente lo ha hecho en una coyuntura en que la oposición política dejó de existir y cuando intenta resucitar lo hace con una insoportable levedad.

Fernández ha pagado para tener algo de oposición con criterio. Lo lamentable sería que las fuerzas vivas del país vean en el Informe Attalí una simple pela de lengua al oficialismo y no una plataforma para grandes decisiones que involucran a la sociedad en su conjunto.

Claro, no aplicar las recomendaciones del estudio desde el Gobierno equivaldría a escribir la historia universal del cinismo. Espero que no sea el caso.

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El Día

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