Otra gran vergüenza

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Es muy difícil admitir que la muerte es un acontecimiento que indefectiblemente tenemos que enfrentar con toda su crudeza.

Para la mayoría se hace casi imposible asimilarla.

Sin embargo, es una lotería que en algún momento sale “premiada”, sin tener que pagar o recurrir a los hoy cuestionados servicios del “clarividente” John Casablanca.

Viendo el triste, doloroso y vergonzante panorama que viven los ancianos dominicanos, uno se pregunta, cómo es posible que haya tanta irresponsabilidad en esta sociedad, cuyos miembros más prominentes, en lo político y económico, exhiben riquezas extravagantes y astronómicas.

Nadie quiere que morir, siempre se lucha a toda costa por mantenerse en pie, pero ante la dejadez, la desfachatez y la falta de calidad humana existentes en esta sociedad, no se sabe qué es lo mejor.

Esa situación calamitosa por la que atraviesan nuestros ancianos es solo una muestra de lo poco o nada que pueden esperar las futuras generaciones.

Esto lo único que puede producir es asco y vergüenza, y una muestra fehaciente de que se está perdido en lo claro.

RADARES.- El caso de Enrique Soto sigue latente, porque se preparan nuevas demandas. Soto está preso en la clínica de la fortaleza de Baní, local que reparó con una donación de 300 mil pesos.

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