Oportunidades perdidas
Con frecuencia la República Dominicana ha perdido grandes oportunidades de desarrollar algún sector económicamente redituable por no aplicar políticas públicas adecuadas.
No exageraría quien nos llamara como el país de las oportunidades perdidas.
Cuando se negociaba un tratado de libre comercio con Centroamérica se decía, con razón, que se nos abría un gran mercado al cual podríamos sacarle mucho provecho.
En ese momento teníamos niveles de desarrollo superior a casi todos los países con los que negociamos. Hoy Centroamérica nos supera con creces y la balanza comercial nos es desfavorable.
Durante la crisis alimentaria mundial el entonces presidente Leonel Fernández planteó, con razón, que podríamos convertirnos en una especie de granero del Caribe.
Pues resulta que por la falta de políticas públicas en materia agropecuaria tampoco pudimos aprovechar esa oportunidad. Por el contrario, se incrementaron nuestras importaciones.
Con el acuerdo de PetroCaribe al país se le abrió una puerta para exportar hacia Venezuela habichuelas, con un mercado garantizado. Se pagaría con esa leguminosa parte de la factura petrolera.
El primer intento en firme se desnaturalizó, pues lo que hicieron las autoridades fue autorizar la compra de habichuelas importadas para luego venderlas a Venezuela.
Hoy, los principales productores mundiales de grano padecen una inusual sequía, mermando su capacidad de producir maíz y sorgo. El país tiene zonas muy pobres con grandes extensiones de tierras sin uso, donde se pueden sembrar esos productos, al menos para el mercado local.
Pero si desde el Gobierno no se ejecutan políticas serias en el sector agropecuario, esa será otra oportunidad perdida.
