Ominoso contraste

Alentadora y digna de aplauso es la puesta en funcionamiento –aunque parcialmente- del nuevo centro de corrección y rehabilitación de la cárcel Najayo-Hombres, en San Cristóbal, con lo cual se sigue avanzando en el programa de dotar a todo el país de recintos adecuados para la regeneración de delincuentes.

Pero al mismo tiempo da escalofríos comprobar que todavía es largo el camino que falta para alcanzar una completa red de penitenciarías habilitadas para ese fin, lo que significa que miles de reclusos que guardan prisión en otras cárceles, todavía no reemplazadas, tendrán que esperar indefinidamente en condiciones infrahumanas y que bien pueden considerarse escuelas de la criminalidad.

En el primer caso nos referimos a los primeros 275 internos que fueron instalados en la primera parte habilitada de Najayo-Hombres, mientras otros 1,877 reclusos están en turno para ser también trasladados dentro de tres meses, cuando estarán listas todas las transformaciones que se vienen efectuando en ese mismo lugar.

Del otro lado de la moneda, persisten todavía entre nosotros varias cárceles adonde no ha llegado el nuevo modelo penitenciario y el hacinamiento, la perversión y el ocio reinan a su antojo.

Un ejemplo de ello es la cárcel de El Seibo, concebida originalmente para alojar 186 internos, aunque de hecho da cabida a más de un millar.

Se trata de un ominoso contraste que debe ser eliminado cuanto antes.