Santo Domingo.-Marilú Acosta es una y muchas mujeres a la vez.
Se desnuda no sólo metafóricamente, también lo hace literalmente, pero a medias.
Aunque el morbo, en esa parte de la obra Mujeres al desnudo, es lo menos transcendental.
Es cierto que las historias que cuenta Mujeres al desnudo no son nuevas. Ni lo tienen que ser. Sin embargo, ella convence, unas veces más que otras, con sus interpretaciones.
Su personaje de La Boricua que reclama asistencia en el welfare es cuasi perfecto, no así el borracho o la española, pero en esencia, Acosta logra una puesta en escena respetable. Desde la niña abusada, a la prostituta que fue engañada y utilizada.