Obispos ponderan los aportes de la Iglesia por el bien del país

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Santo Domingo.-La Conferencia del Episcopado Dominicano dedicó su carta pastoral con motivo del Día de la Altagracia de este año a hacer un recorrido histórico de los aportes de la Iglesia desde el momento mismo de su llegada a este territorio a finales del siglo XV hasta la fecha.

“Las comunidades eclesiales organizan hoy y dinamizan la feligresía, dando calor humano, fomentando el servicio social, leyendo y estudiando la Biblia y glorificando a Dios.

La cercanía al pueblo se muestra, además, en el servicio educativo y médico, en la consejería y mediación social en los conflictos familiares y comunitarios, en la defensa de la justicia ante el abuso de autoridades y poderosos locales y nacionales.

Todo esto hace que la Iglesia sea reconocida por las encuestas de opinión como una de las instancias más creíbles de nuestro pueblo”, indica el documento.

El contenido de la carta pastoral se convierte en un sipnótico relato de cómo la Iglesia ha estado siempre acompañando al pueblo dominicano, lo cual hace con motivo de la próxima celebración del V Centenario de la creación de las primeras diócesis del continente (Santo Domingo, La Vega y San Juan de Puerto Rico).

“Desde los primeros tiempos heroicos, misioneros comprometidos en el conocimiento, defensa y evangelización de los pueblos indígenas se pasó a un ciclo de condicionamientos sociales y políticos.

Vinieron, después, las crisis ocasionadas por la irrupción de las filosofías ilustradas.

Primero el liberalismo y positivismo y los movimientos independentistas y modernamente el marxismo. Hoy se enfrenta a los retos de la secularización y a los desafíos emanados de la presencia y actividad de otras confesiones religiosas”, indica.

Los obispos dominicanos también señalan que “ante la precariedad constante del sistema educativo y de salud se ha manifestado también como una Iglesia muy comprometida con las necesidades sociales de la nación, en particular en la educación y la salud”.

Función eclesial

Agregan que la Iglesia ha asumido también una función civil profética y mediadora en una sociedad que no encuentra su institucionalidad y vive expuesta permanentemente a la inestabilidad.

La Iglesia se afana hoy por lograr y mantener la honestidad de vida y una sólida espiritualidad de sus miembros, clérigos y laicos.

Hay docenas de casas de retiros, cursillos, talleres, seminarios y cursos de formación, librerías y folletos que ayudan a vigorizar la fe, fortalecer la espiritualidad y capacitar para enfrentar los retos presentes y futuros.

“Confesamos haber cometido errores y no siempre haber estado a la altura de nuestra fe, vocación y responsabilidades, y por ellos pedimos nuestro perdón y recurrimos a la comprensión e indulgencia de todos los dominicanos”, precisa el documento.

Manifestaron los obispos que a pesar de sus errores y deficiencias, afirman la presencia de la fe católica y la institución eclesial en toda la historia del pueblo dominicano, conformando su vida a través de la vivencia de sus enseñanzas, sus limitaciones en instituciones y recursos pastorales.

“Una iglesia libre, pues, no obstante, vinculaciones y controles políticos, ha logrado niveles de libertad que le han permitido disentir y profetizar”, agregaron los religiosos.

Papel mediación

Los obispos indicaron en la Carta Pastoral que desde el Sermón de Montesinos y la figura de Fray Bartolomé de las Casas hasta la actualidad, la asunción de la responsabilidad y peso de gobierno civil y la de la mediación social y política ha sido labor difícil y poco grata, en orden a garantizar el buen gobierno y la justicia.

Devoción

Los obispos dicen en su carta pastoral que hoy la Iglesia se afana por lograr y mantener la honestidad de vida y una sólida espiritualidad de sus miembros, clérigos y laicos.

“La dimensión mariana de nuestra religiosidad, preferentemente en las devociones a la Virgen de las Mercedes y de la Altagracia, abre la generosidad de nuestro pueblo a los altos valores del espíritu, identifica nuestra dominicanidad y le da trascendencia”, además de que fomenta la generosidad y crea esperanza en la población en los momentos difíciles.

El documento está firmado por Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez y los obispos Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Juan Antonio Flores Santana, Fabio Mamerto Rivas, Jesús María de Jesús Moya, Jerónimo Tomás Abreu Herrera, Francisco José Arnáiz, José Dolores Grullón Estrella, Antonio Camilo, Amancio Escapa, Pablo Cedano Cedano, Gregorio Nicanor Peña, Francisco Ozoria Acosta, Freddy Antonio Bretón Martínez, Rafael Leonidas Felipe Núñez, Diómedes Espinal, Julio César Corniel Amaro, Valentín Reynoso Hidalgo y Víctor Masalles Pérez.

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