Punta Cana.– Durante años, el tratamiento de la obesidad estuvo centrado en dietas restrictivas, ejercicio físico y la expectativa de que la pérdida de peso dependía principalmente del esfuerzo individual, sin embargo, los avances científicos de los últimos años han cambiado profundamente esa visión.
Hoy, los medicamentos de nueva generación, especialmente los agonistas del receptor GLP-1 y otras terapias en desarrollo, están redefiniendo la forma en que se entiende y se trata esta enfermedad.
Pero, según Marcio Griebeler, el mayor cambio no está únicamente en la cantidad de peso que una persona puede perder, sino en comprender que la obesidad es una enfermedad crónica que requiere tratamiento continuo.
El endocrinólogo Griebeler, director del Centro de Obesidad de Cleveland Clinic, explicó durante el Summit “Más allá de la obesidad”, organizado por Adium, que la eficacia del tratamiento no debe medirse únicamente por los kilos perdidos.
En ese sentido, aclaró que“la obesidad no es un problema estético ni una cuestión de fuerza de voluntad. Es una enfermedad crónica, igual que la hipertensión”.
Para explicarlo, estableció una comparación sencilla, partiendo de que cuando una persona controla su presión arterial gracias a un medicamento, el tratamiento no se suspende porque la presión haya mejorado, pues con la obesidad ocurre algo similar, es decir que el tratamiento debe mantenerse porque el organismo sigue teniendo la enfermedad.
La reganancia de peso tiene una explicación biológica
Uno de los aspectos que más preocupa a quienes intentan adelgazar es recuperar el peso perdido. Según Griebeler, este fenómeno no representa un fracaso del paciente.
Y es que cuando una persona pierde peso, el organismo activa mecanismos de defensa desarrollados por años para garantizar la supervivencia.
Es así como aumentan las señales de hambre, disminuye el gasto energético y el cuerpo intenta recuperar las reservas perdidas.
Por ello, el especialista insiste en que el verdadero reto no es adelgazar, sino mantener esa pérdida a largo plazo.

Una revolución farmacológica
Los tratamientos disponibles actualmente ofrecen resultados impensables hace apenas una década.
Según explicó Griebeler, los medicamentos más antiguos conseguían pérdidas cercanas al 5% o 10% del peso corporal. Con la llegada de la semaglutida y posteriormente de la tirzepatida, los porcentajes aumentaron hasta situarse alrededor del 20% en muchos pacientes.
Además, varios medicamentos que aún se encuentran en investigación están mostrando resultados cercanos a los obtenidos con la cirugía bariátrica.
“Estamos viviendo una revolución farmacológica”, aseguró el especialista.
El medicamento no hace todo el trabajo
Pese al entusiasmo que generan estas terapias, el endocrinólogo subrayó que ningún fármaco sustituye los hábitos saludables.
La alimentación equilibrada, una adecuada ingesta de proteínas y, especialmente, el entrenamiento de fuerza, siguen siendo componentes esenciales del tratamiento.
El motivo es preservar la masa muscular durante la pérdida de peso, ya que la mantener la masa muscular ayuda a conservar un mayor gasto energético en reposo, favorece la movilidad y mejora la capacidad de mantener el peso alcanzado.
Cada vez existe más evidencia de que los tratamientos también disminuyen el riesgo cardiovascular y mejoran enfermedades asociadas como la diabetes tipo 2, la apnea obstructiva del sueño, el hígado graso y algunas formas de insuficiencia cardiaca.
De acuerdo con Griebeler, tratar la obesidad significa intervenir sobre la enfermedad que está en el origen de muchas de estas complicaciones que puede tener el paciente.
El mayor desafío sigue siendo el acceso
A pesar de los avances, el especialista reconoció que todavía existen importantes barreras para que más personas puedan beneficiarse de estos tratamientos.
El coste de los medicamentos y la falta de cobertura por parte de algunos sistemas de aseguramiento hacen que numerosos pacientes abandonen la terapia antes del primer año.
Esta interrupción suele traducirse en una recuperación parcial o total del peso perdido, precisamente porque la enfermedad continúa presente.
Para Griebeler, el cambio más importante no es únicamente la aparición de medicamentos más eficaces, sino la transformación del concepto mismo de obesidad.
La evidencia científica actual apunta a que debe abordarse como una enfermedad crónica, multifactorial y compleja, cuyo tratamiento combina farmacoterapia, alimentación de calidad, ejercicio físico, preservación de la masa muscular y seguimiento médico prolongado.