Casi todo depende de su prestigio, defiéndalo a muerte. Así reza la ley número cinco de las 48 recomendaciones de Robert Greene, nombradas como leyes en su afamado libro.
Y usted podrá pregonar que poco o nada le importa lo que diga la gente, pero todos sabemos que sí importa.
Es cada vez más complejo entender el pulso y las olas de opinión que se generan en lo digital. Nuria Piera parece estarlo asimilando.
Los mismos que hace pocas semanas cuestionaban a la afamada periodista por los trabajos sobre el Dr. Ernesto Fadul, Yesenia Ten e incluso la misma iglesia del pastor y cantante Marcos Yaroide, hoy han empezado a aplaudirla y decir que “en esta vuelta se la comió”.
Y aunque estamos conscientes de que un debate no necesariamente se trata de comérsela, quiero repasar algunas cosas de un mensaje de Nuria difundido desde su espacio, respondiendo a la cantante Christine D’Clario, quien previamente (aquí ofrezco un poco de contexto) había enviado un mensaje a Nuria sin que esta siquiera estuviera presente, diciendo que Dios había visto sus lágrimas, frustración e ira… Un absurdo.
De paso, si este no es el peor manejo de crisis reputacional en la historia reciente del patio de RD, debe estar al menos en el top cinco. No todo lo que se dice en el camerino debe llevarse al escenario y no todo debe siquiera llevarse al camerino.
Además, los cristianos manejan una jerga de difícil entendimiento en entornos seculares y cualquier acto natural en un templo resulta extraño fuera de sus paredes, donde es fácil llevarlo gracias a la presencia de reporteros gráficos que, con sus celulares y conexión a internet, lo difunden todo.
Si Dios había mandado un mensaje a Nuria, un escenario de luces y humo en el que podía, tal vez, estar el mismo señor Jesucristo entre los asistentes, no tendría sentido entregarlo sin la receptora presente, por aquello de que llegaría distorsionado. Es comunicación elemental.
Y entonces, en frío, Nuria responde primero identificándose como creyente y dejando saber que sus ataques no son a la religión, sino a acciones que cree son incorrectas, entre ellas la ostentación.
Cualquier teólogo podría contradecir a Nuria al vincular la fe católica con la humildad, afirmando que la Iglesia cristiana en su conjunto y desde sus orígenes ha tenido elementos de ostentación, pues incluso al mismo Jesús lo llamaron comilón, glotón, y este vestía un manto caro de una sola costura y que aceptó que le vertieran un perfume costoso en una fiesta pública… Lo cierto es que no se trata de un tema teológico, sino reputacional.
Nuria terminó su mensaje citando a los mismos evangelios y dejando entrever humanidad, así como una relación con Dios ya existente y que no necesita intermediarios, una de las bases que dieron origen a la fe protestante. Aplausos porque sí, se la comió.
Le conversé de este tema a alguien que asiste a esa iglesia con el fin de que, al menos, comentara sobre la importancia de que trabajaran mejor lo referente a la comunicación institucional, y me respondieron afirmando que comunicadores famosos asisten al templo y que trabajan en esa parte, lo que (con todo respeto lo digo), no parece estar dando resultado.
Y aquí voy de nuevo: usted podrá decir que no le importa, que todo le resbala, que del mismo Jesús hablaban y que el mismo maestro galileo instruyó sobre alegrarse cuando digan toda clase de mal "mintiendo". Pero, siempre que el propósito sea la expansión del evangelio, tocará negarse a sí mismo y proteger a los débiles en la fe.
Soy de los que creen que las iglesias cumplen un rol estratégico en la preservación de la paz, en la formación de ciudadanos conscientes, responsables y honestos, y que nuestra fe cristiana, en cualquiera de sus manifestaciones, debe ser protegida y promovida, por lo que se hace necesario defender su prestigio, incluso con la muerte, lo que implica hacer los correctivos de lugar.
Porque la mierda de uno, vertida a presión, termina salpicando a los otros. Ah, y un templo lleno no es garantía de nada, la historia me respalda.
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