Nunca es demasiado tarde
Un amigo me contaba el testimonio que tuvo con su padre. El tenía varios años alejado de él.
Me dijo que una noche lo llamaron por teléfono desde Texas, donde vivía su progenitor, y al tomar el teléfono oyó la voz de su padre. Casi moribundo y abatido le pide que lo perdone.
Mi amigo, que es creyente, le dice de una forma amorosa: papi lo único que yo quiero decirte es que tu puedas confesar a Cristo como tu salvador personal.
Su padre, un hombre de ochenta y cinco años, postrado en una cama hizo la oración con su hijo. Él me señala que cuando oró a Dios hubo un silencio, pues la hermana que estaba junto con su padre vino al teléfono y le preguntó que fue lo que pasó, pues su papá tembló, suspiró y luego murió. Y mientras escucho este relato pienso en el ladrón de la cruz que estaba junto a Jesús. Lucas nos dice estas palabras: Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres a tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Este hombre arrepentido reconoció a Jesús y confesó que él era pecador y creyó que Él tenía un reino y que vendría después de su muerte.
Dios quiere que tengamos vida después de la muerte. Así que hoy, como al padre de mi amigo que está en la presencia de Dios, no importa tu situación, reconoce que la sangre de Jesucristo limpia de todo pecado. Así que abre tu corazón y dejalo entrar.
Decora tu rincón: Juan 8:32 dice: y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
