Nuestro techo demográfico

La República Dominicana se consolida como un país troglodita fiscal, donde la inmensa mayoría de los impuestos del Estado, directos e indirectos, termina pagándolos la clase media.

Y no hay indicios de que vaya a ser diferente en lo adelante. Un adelante que puede abarcar el próximo decenio.

Y si ya la resignación de los contribuyentes es un hecho inevitable ante la creciente presión fiscal, ¿a qué debemos poner atención en el futuro inmediato? Indudablemente que a múltiples factores, entre ellos, la silenciosa explosión demográfica, fruto de la enorme cantidad de dominicanos que vive por debajo de la línea de la pobreza; y, de manera especial, por la sensible incapacidad de nuestros gobernantes para detener la creciente espiral de los embarazos en adolescentes.

Se trata de impulsar, desde ahora, tomar decisiones que nadie, desde el gobierno, parece asumir con responsabilidad, salvo inútiles campañas millonarias a través de medios que no garantizan una solución factible. Y lo más grave es que nadie parece advertir que mientras se multiplica la población vulnerable, más dinero habrá que destinarse a los fatídicos planes sociales; y, sobre todo, más pobre e incierto será el futuro económico del país.

El país está enclavado en un territorio insular. Eso nos pone un techo demográfico de crecimiento.

Y transformar esta triste realidad en un futuro promisorio que nos lleve a una demografía en equilibrio con nuestra realidad económica representa un desafío serio.

Un desafío que demanda inversión económica y la atención propia de esa realidad. Ojalá que esa atención empiece en enero de 2019.