Nuestro escudo

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Hay momentos en que las calles de la ciudad parecen una película de terror, donde siempre hay un misterio sin resolver… Calles sin luz o personas que parecen zombies te salen al encuentro para quitarte lo poco que puedas tener.

Te sientes inseguro al caminar por ellas, ya sea para salir de la casa con la familia, con un amigo o para hacer negocios. Hay que encomendarse a Dios para que nada pueda ocurrir.

Hoy te invito a esta lectura del salmo 91: 1-2: “El que habita al abrigo del Altísimo. Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío, mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad”.

En este salmo, Dios promete que si te encomiendas a Él con sinceridad, tú serás guardado de todo mal que pueda llegar a tu vida. Serás librado de influencias negativas que puedan salir a tu encuentro.

Al estar en cualquier lugar, tendremos tranquilidad emocional y mental, pues nuestra confianza estará en él. La providencia de Dios te libra de situaciones que no imaginas, es un privilegio morar bajo la sombra del Omnipotente, pues él conoce todas las cosas que te puedan ocurrir. Pase lo que pase, Dios tendrá control.

El salmista hace un símil muy sencillo: “con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro”, lo cual nos recuerda a la mamá gallina cuando tiene sus polluelos, al ver el peligro venir, produce un cloqueo de alarma y reúne a sus hijos y los pone a salvo bajo sus protectoras alas, que se convierten en un eficaz escudo para los polluelos.

Estos es exactamente lo que Dios quiere para nosotros: cuando nos encontremos en cualquier lugar estaremos resguardados bajo el poder protector de sus alas. Dios desea que no te sientas salvo del peligro, sino que seas salvo hasta de la muerte eterna. Búscale de corazón, él es nuestro escudo y fortaleza, pues su palabra es fuente de verdad.