Nostalgia
En estos tiempos en los que se proclama la importancia de vivir en el presente, me entra un deseo enorme de reivindicar una palabra que para mí encierra magia: nostalgia.
Y la traigo a la conversación como ese sentimiento de añoranza por algo o alguien del pasado que, cuando llega a tus pensamientos, definitivamente, te hace sentir bien.
Esos recuerdos que se anidan muy adentro, que cuando afloran te trasladan casi sensorialmente a cuando los viviste. Entras quizá en cierta melancolía que roza la tristeza por algo que ya no volverá, pero aun así es un sentimiento reconfortante.
Y qué decir cuando está asociado a personas, lugares, momentos que ya en el presente son totalmente irrepetibles, salvo en tus memorias. Esa conexión emocional no se siente con nada más.
Y no hablo de idealizar las cosas, que tendemos a mirar al pasado con ojos de color de rosa. No. Me refiero a esa nostalgia real, la que nunca te va a abandonar, aquella que forma parte del ser humano que eres hoy, y a la que regresas siempre que lo necesitas porque recuperas cosas que quizá el presente no te da o que es importante que vuelvan a aparecer para que te recuerden quién eres.
Recientemente, participé en un juego de mesa que consistía en adivinar el año de las canciones y se hacía dividido en dos grupos generacionales: millennials contra generación X (a la que pertenezco). Sobra decir que las de mi época las conocía todas y en cada acorde llegaba un recuerdo, un momento, una conversación, una sonrisa, y esta nostálgica experiencia me devolvió a esos años.
Me hizo recordar quién fui, pero sobre todo lo que aún perdura en la persona que soy. La nostalgia es una emoción humana que nos permite conectar lo que somos con nuestra memoria. Simplemente, nostalgia.
