Domingo, 21 de julio, 2019 | 6:43 pm

Normatividad constitucional y derechos



Fruto de la discusión en torno a la Ordenanza Departamental n.º 0033-2019 emitida por el Ministerio de Educación, ha revivido el argumento de que no existe desigualdad entre hombres y mujeres dominicanos porque el artículo 39 constitucional prohíbe la discriminación.

Así, como si nada, espetan que el hecho de que la Constitución mande un derecho lo hace realidad vivida por todas las personas que habitan el país.

Si las cosas fueran tan fáciles, la República Dominicana sería un paraíso. El catálogo de derechos establecidos por la Constitución sería suficiente para que todas las personas cumplieran la promesa constitucional de dignidad para todos. Pero no es así, las cosas son más complejas.

Nuestra realidad constitucional es que el catálogo de derechos constitucionales es aspiracional, pero a la vez, la Constitución es normativa.

Esto no es un galimatías, sino que tiene sentido en el contexto de una democracia en proceso de consolidación, como la nuestra.

La Constitución marca el camino que el Estado debe seguir, a sabiendas de que esto no es obtenible en el corto plazo. Al mismo tiempo, y como mecanismo de presión social e institucional, cada uno de estos derechos es jurídicamente reclamable.

Para usar una expresión coloquial, se trata de la estrategia de la zanahoria y la fusta. Por un lado, los derechos como objetivo cuyo alcance legitima al Estado; por el otro, las vías jurídicas para que los ciudadanos puedan impulsar el proceso, y ponerle las cosas difíciles a quien no lo haga.

Nada de lo anterior, sin embargo, puede negar que los derechos no están concebidos solo para quedarse en el papel. Que la Constitución proclame el derecho a la igualdad no quiere decir que la desigualdad ha desaparecido. Muy por el contrario, los derechos son protecciones jurídicas que surgen por la necesidad real de proteger un bien que se encuentra bajo amenaza.

La protección efectiva nunca se logra totalmente, y la que sí existe no debe descuidarse nunca, porque las sociedades que dan por sentados sus derechos suelen perderlos.

Visto lo anterior, la igualdad es un derecho que necesita promoción y defensa constante. Aunque a algunos les moleste.

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