No ser indignos
“Ningún pueblo ser libre merece/si es esclavo indolente y servil”,
Emilio Prud´Homme.
El gobierno dominicano ha ratificado un memorando de cooperación con Estados Unidos, mediante el cual ratifica un acuerdo anterior para permitir que aeronaves militares estadounidenses puedan utilizar el aeropuerto Internacional Las Américas y la Base Aérea de San Isidro, lo que en la práctica es ceder soberanía, de manera alegre.
La cosa es peor, sobre todo si, como se sospecha, estos aeropuertos dominicanos son usados como parte de la logística para agredir a países hermanos con los cuales República Dominicana no tiene más que deudas de gratitud y lazos de hermandad.
No debemos olvidar que el anterior acuerdo fue firmado previo a la invasión del 3 de enero que culminó con el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Y la ratificación de ahora se da cuando pende sobre Cuba la amenaza de una agresión militar de envergadura, la cual traería más sufrimiento a los cubanos, como si el sufrimiento padecido a causa de 60 años de bloqueo no fuera suficiente. Cuba no merece que seamos tan indignos frente a ellos.
El memorando de entendimiento también implica que el país sería receptor de personas de terceros países que sean deportadas desde Estados Unidos. Pero esto no es más que un monumento a la maldad, pues no hay, que uno sepa, un solo país con el cual República Dominicana tenga conexión de vuelos directos y Estados Unidos no.
Ese aspecto, además de cuestionable legalmente, es inaceptable moralmente. Nuestro país no gana nada con sumarse a esa acción propia de gente con la mente retorcida.
Hay un tercer elemento que ni siquiera vale la pena mencionar por lo ridículo que es. Además de que, militar y geopolíticamente, somos irrelevantes en el actual conflicto en Medio Oriente, lo único que logramos es ponernos en la mira de quienes ni siquiera saben dónde queda esta isla.
Comprendo que, en las actuales circunstancias, un gobierno como el de Luis Abinader sienta o crea que no se le puede negar en nada a quien hoy gobierna la potencia del Norte, pero hay que tener un mínimo de dignidad, al menos un ‘dejo de decoro’ y no ser tan “incondicionales y complacientes” con el poderoso y tan malagradecidos con nuestros hermanos.
A un país que ha sido invadido dos veces por EE. UU. no le luce ser cómplice de una agresión a ninguna otra nación. Ni Cuba merece que seamos tan ingratos e indignos, ni la incondicionalidad asegura que mañana no nos toque a nosotros -otra vez- ver mancillada nuestra soberanía bajo cualquier pretexto.
Menos mal que todo es pasajero en esta vida, incluido el poder y el servilismo.
Oh, Prud´Homme ya no escuchan lo que dice tu himno.
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