No quiero ser pesimista

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Hoy he vuelto a sentir el sabor amargo de escribir sobre la problemática de nuestro país, y expresar la falta de voluntad política para solucionar necesidades básicas a una sociedad que se siente desesperada, abatida y abandonada.

Los noticieros no paran de mostrar sangre, drogas, narcotráfico, femenicidios, accidentes de tránsito y lo que es peor, las alcantarillas sin tapas en las calles y avenidas de la capital y digo esto porque hace solo unos meses murió una niña al caer en una alcantarilla, hoy tenemos una nueva víctima y yo vuelvo a preguntar: ¿Donde están las autoridades municipales de cada uno de los distritos?

Si yo puedo ver los problemas y posibles soluciones, siendo una ciudadana común, ¿Por qué los altos políticos intelectuales, ingenieros, arquitectos, economistas y demás parecen estar más ciego que Balaguer en su tiempo, mostrando solamente incapacidad?

Me duele ver las monstruosas construcciones, muy buenas por cierto, que realiza Obras Públicas, donde los ciudadanos esperan ansiosos la inauguración, en procura de perder menos tiempo en los tapones pero, se ha vuelto costumbre que esta felicidad solo dura par de horas la inauguran a las 6:00 de la tarde y la rompen al otro día a las 9:00 de la mañana para meter un tubo creando caos incertidumbre y descontento en la población pero a todos esto, la dejan echa un desastre y yo me pregunto dos cosas: ¿Falta de planificación? ¿O lucha de intereses y desacuerdos entre ministros públicos?

Sea cual sea la respuesta esto solo perjudica a una población que paga los impuestos más alto en casi toda América Latina.

Es aquí donde me gana la impotencia y la injusticia me lleva a la ira, aunque nada puedo hacer, solo decir algunas verdades que me permite este espacio. La falta de voluntad es comprobada a diario con todo lo que acontece en el país, tierra de Duarte heredada por hombres y mujeres trabajadores que han ayudado al fortalecimiento democrático a través de su compromiso, trabajo y esfuerzo a los principales partidos políticos, gente que colabora día tras día aunque le falta ganas de seguir luchando y que transita con miedo por las calles de su vecindario.

No quiero ser pesimista pero, lo que puedo ver es, que la voluntad política carece de fuerza y entusiasmo que tal perece se pierde en el duro transitar de la campaña.

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El Día

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