No podemos olvidarnos

El impacto de la tragedia de Haití ha centralizado la vida nacional. Es una situación que estará durante mucho tiempo en la atención nuestra, y esperemos que hasta un punto donde la fuerza de la solidaridad haga menos intenso el dolor.
Sin dividir la intensidad de la ayuda, sin desviar la voluntad, sin disminuir la atención a un drama tan humano, debemos recordar que hay otras responsabilidades, con otro rango, pero también importantes para nuestro país.
Haití vive una situación muy sensible, pero al mismo tiempo nos recuerda nuestros grandes compromisos. Se trata de retos y obligaciones de cara a esos compromisos que esperan por decisiones y que reclaman la atención inmediata.
Pensamos por ejemplo, en el Ministerio Público, la Justicia; y de manera particular, decisiones que se deben tomar, cuanto antes, en tribunales de la República, donde hay expedientes muy serios, con grandes implicaciones, y que merecen ser conocidos con objetividad, ya que en su inmensa mayoría son casos donde hay un gran número de personas citadas o en vías de procesos por alegados vínculos con el narcotráfico.
Los jueces, con la libertad de criterio y la objetividad que siempre los ha caracterizado, deben actuar. El tiempo hay que aprovecharlo, al máximo, sobre todo, si necesitamos poner al desnudo importantes verdades y decisiones que, de una u otra forma, afianzarán la credibilidad en nuestro sistema de justicia, y de manera particular, de la idoneidad de los jueces que trabajan en casos calificados de muy delicados.