No morir en la orilla
Los dominicanos iniciaron en marzo del 2020 un periodo de estado de emergencia que se ha prolongado mucho más de lo que cualquiera pudo haber imaginado en su momento. Los primeros días, cuando se pensaba que era cuestión de dos o tres semanas, el confinamiento fue casi total.
El mundo ha sido testigo de medidas nunca antes imaginables para combatir una pandemia que se expandía de manera acelerada a cada confín de la tierra.
República Dominicana decretó un estado de emergencia que solo fue suspendido unos días durante el periodo electoral pasado.
La economía se cerró y solo algunos sectores esenciales se mantuvieron medianamente activos.
Las familias debieron dejar se juntarse, las oficinas recurrieron al teletrabajo, las docencias se suspendieron y casi todo debió recurrir a la virtualidad.
La actividad social se ha convertido en algo de alto riesgo.
Todo eso y mucho más nos trajo la pandemia del Covid-19 y todavía falta.
Las medidas de restricción impuestas en muchos países y “recomendadas” en otros para contener la propagación del desconocido virus eran sencillamente impensables antes de su aparición.
La población y las autoridades han tenido que someterse a grandes sacrificios, en un principio sin tener certeza de hasta cuánto.
En el camino se han perdido vidas, empresas, comercios y muchos planes fueron tronchados.
Pero ahora, con el desarrollo de varias vacunas, aparece una luz al final del túnel. Se empieza a tener una certeza de un instrumento que podría permitir entrar a la nueva normalidad.
Cinco vacunas ya tienen importante reconocimiento de efectividad frente al Covid-19, lo que permitirá enfrentar con relativo éxito ese virus.
Sería poco inteligente tirar por la borda todos los sacrificios adoptados desde marzo, cuando ya se está tan cerca de la solución que puede facilitar la vacuna.
No vale la pena haber nadado tanto para morir en la orilla.
Las medidas restrictivas, se ha demostrado, son necesarias para salvar vidas frente la amenaza del coronavirus Covid-19.
Hay que completar el sacrificio.
Ojalá nadie muera en la orilla después de haber nadado tanto.
