No más pendejadas
Yo quisiera que nuestros candidatos presidenciales fuesen menos efectistas, carnavalescos y circenses para que concentren el furor de su batalla electoral en tres aspectos cuya solución ayudará a superar nuestros grandes males: control presupuestario, crecimiento económico equilibrado e igualdad social.
El nuevo gobierno técnico de Italia (las comillas son para enfatizar) que encabeza el profesor y economista Mario Monti, planea centrarse en la búsqueda de respuestas efectivas a esos tres pivotes de la pirámide social, causantes, sin dudas, del apocalipsis planetario expresado en desplazamientos de regímenes y en las distintas expresiones de protestas masivas.
Si nuestro presupuesto nacional funcionara como un instrumento de desarrollo, sobraran las sombrillas amarillas, los subsidios perversos y el alto nivel de endeudamiento para encausarlo.
Si la economía dejara de repuntar sólo en base a sectores no transables, exportaríamos más, el PIB no se concentraría tanto en el consumo, el índice de ahorro sería más alto y un mayor flujo de créditos iría a la creación de empleos de calidad.
Si no hubiésemos impulsado nuevos sectores económicos sobre las ruinas de la exportación de bienes primarios y de la manufactura local, tendríamos una economía más diversificada, que no dependería tanto de las ventas de teléfonos celulares y de servicios personales.
Nuestros cambios, en ese contexto, han sido exageradamente radicales y la visión, tubular en extremo. Hasta somos capaces de hacer descorches para celebrar un crecimiento espurio.
Como el modelo económico que seleccionamos es aberrante, los deficits nos salen por todos lados y ya operan como una especie de marca país. En esa línea, no es posible dejar de ser un país con una enorme brecha social, consumista y desigual, con unos niveles de violencia indoblegables. De eso quiero que me hablen los candidatos. Ya no más pendejadas.
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