No más cuentos, es hora ya de sincerarse (1 de 2)
En una de las clasicas y diariamente esperadas caricaturas de Diógenes &Boquechivo de una edición de “Diario Libre” del pasado mes de septiembre, a la pregunta de Boquechivo a su doctor sobre las causas de su presión alta a pesar de su buen peso y sanos hábitos de vida, el doctor le responde que se debe “…a la presión fiscal… eso está acabando…”.
En esos días, a pocas semanas de haberse inaugurado el segundo periodo de gobierno del Lic. Danilo Medina, se inició una estrategia mediática con el objetivo de anestesiar la conciencia nacional y preparar el camino para el próximo garrotazo fiscal que se pretende asestar a la sociedad dominicana, lo cual quedó claramente develado en un artículo de opinión del periodista Ing. Ramón Núñez Ramírez, miembro prominente de la Junta Monetaria del Banco Central, en la edición del periódico Hoy del domingo 9 de octubre.
En dicho articulo el Sr. Nínez afirmaba: “Esta sociedad, especialmente los empresarios, deben asimilar que con este nivel de ingresos y presión tributaria es imposible mejorar… pero también es insostenible seguir cebando la bomba del endeudamiento público…
La unica salida es sentarse y discutir un pacto fiscal… para impulsar una reforma fiscal integral que garantice la presión tributaria…”.
‘Qué tan manoseada y usada ha sido la mentada “presión tributaria” para beneficio de los políticos de turno y los tecnócratas gubernamentales!!
Veamos la secuencia observada.
El “Listín Diario” publica un reportaje el pasado mes de septiembre en relación a la “necesidad” de firmar un nuevo acuerdo con el FMI, en el que se menciona “… la exigua presión fiscal que dificulta el desarrollo económico de la nación y la mejora del bienestar de la población…” como un factor estructural que debería ser enfrentado decididamente por el nuevo Gobierno.
Anteriormente, y a final de agosto, el Banco Central, en su reporte sobre el comportamiento de la economía durante la primera mitad de 2016, anuncia con gran euforia un crecimiento acumulado del Producto Bruto Interno (PIB) del 7.4 %, entre otros puntos luminosos.
Al día siguiente a esa publicación oficial el periodico Hoy comenta en su editorial: “…Si la economía dominicana se encumbró en un 7.4 %… los dominicanos vinieron a saberlo porque lo informó el Banco Central, y no porque en términos sociales percibieran algún cambio positivo en sus condiciones de vida…”.
Ese mismo día y en la misma edición del referido diario, en un reportaje titulado “20 % de dominicanos tiene su salud mental afectada”, se cita lo siguiente: “…el mayor problema de la sociedad dominicana es que presenta altos índices de crecimiento económico pero no hay una justa distribución…”.
Y en el “Diario Libre” del mismo día se reporta que la deuda publica crece en US$1,561.7 millones en 6 meses, resaltando que la deuda del sector Público no Financiero “…se eleva a 37 % del PIB…”.
Ojo: estamos hablando de un promedio de US$260 millones adicionales de deuda por mes!! Casi US$9 millones diarios en más deuda!!
Algunos días después, ya a principios de septiembre, en la muy comentada charla del director del DGII en el almuerzo mensual de la Cámara Americana de Comercio donde este plasmaba su visión sobre la gestión tributaria, nos advierte que “…con el actual régimen tributario no se podrán lograr los objetivos de la Estrategia Nacional de Desarrollo y alcanzar las metas de gasto… para lo cual la Ley 1-12 prevé la necesidad de elevar la presión tributaria de manera equitativa y eficiente…”.
Dicho todo esto, me atrevo a plantear a los lectores lo siguiente:
Saben ustedes a qué se refieren los “entendidos” del tema cuando mencionan la frase “presión fiscal” o “presión tributaria”?
Esto no es más que la proporción que representan las recaudaciones de ingresos internos en relación al Producto Bruto Interno (PBI) nominal del país y sobre la cual, como habrán ya notado, se apoyan los técnicos y políticos como útil “muletilla” para el logro de sus objetivos, ya que al enrostrarnos una “baja presión fiscal” pretenden justificar un alza de impuestos o justificar la “capacidad y/o necesidad” de un mayor endeudamiento externo.
El problema de esa “muletilla” o razonamiento es que mientras las cifras de las recaudaciones son supuestamente reales (lo cual es hasta cierto punto bien cuestionable debido a la “evasión y los escapes fiscales”), las cifras del PBI nominal son en realidad estimaciones que descansan en múltiples suposiciones relativas a la generación de las riquezas por los distintos sectores de la economía en un periodo determinado.
Y es ahí donde “la puerca retuerce el rabo” pues absolutamente nadie en este país esté en capacidad de certificar la veracidad de las cifras del PIB nominal, pues como es bien sabido dicha cifra se fundamenta en suposiciones teóricas y en una metodología que ha sido manejada con un mucho celo por los directores del área económica del Banco Central, que coincidencialmente han sido en su mayoría los mismos personajes por los últimos 40 años o más.
Mientras en la mayoría de los países con sólida institucionalidad la medición de los parámetros reales de la economía lo hacen unas entidades independientes de las autoridades monetarias, aquí en nuestro país el Banco Central se constituye en “Juez y parte” pues se da el lujo de hacer el diagnóstico estacional del comportamiento de la economía.
Y les pregunto: creen ustedes realmente que el Banco Central va a publicar estadísticas que muestren siquiera un ápice de contradicción o ineficacia en su política monetaria?
*Por Ramon Guillermo Luna