En julio de este año fui a realizarme, como de costumbre, mi chequeo anual. Desde que entré a los 40 he sido rigurosa con mis controles y, entre ellos, con la mamografía y sonomamografía de mama. Esta cita, que forma parte de mi agenda de cada año, la tuve que posponer de enero a julio por temas de trabajo.
Este año fue diferente. Al revisar los resultados, el médico encontró algunos cambios con relación a estudios de años anteriores y recomendó realizar pruebas adicionales. Había que mirar un poco más, descartar cualquier situación y, de ser necesario, abordarla a tiempo.
Confieso que el compás de espera entre aquella consulta, los nuevos estudios y la segunda cita para llevar los resultados al médico me mantuvieron en vilo. Por más racionales que intentemos ser, por más que nos repitamos que se trata simplemente de confirmar o descartar, hay palabras y situaciones que inevitablemente nos enfrentan a nuestros miedos.
La realidad es que, cuando se trata de nuestra salud, la espera puede hacerse particularmente larga. Finalmente, aquellos resultados no me cambiaron la vida y pude respirar y continuar, pero mientras esperaba pensé mucho en las mujeres para quienes una consulta como esa termina de otra manera.
Aquellas mujeres que un día entraron al consultorio esperando escuchar que todo estaba bien y salieron con un diagnóstico que les cambió la agenda, prioridades, planes y la vida.
Hoy, 19 de octubre, se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, y este año la fecha tiene para mí una dimensión distinta. No porque haya vivido un diagnóstico de cáncer, porque hasta ahora no ha sido así, sino porque me confirmó que no debemos dar por sentado la salud y tenemos la responsabilidad de asumir nuestro propio cuidado.
Nuestras responsabilidad
Tenemos que conocer nuestro cuerpo, cumplir con los chequeos según nuestra edad y condición, prestar atención a los cambios y acudir al médico, no desde el miedo, sino desde la responsabilidad de saber que la detección temprana puede marcar una diferencia importante en el abordaje de cualquier enfermedad.
Sé que tenemos agendas complicadas (trabajo, hijos, familia, responsabilidades, proyectos) y una larga lista de asuntos que parecen necesitar nuestra atención antes que nosotras mismas, pero nuestro cuidado también tiene que estar en esa agenda.
Hoy mi lazo rosa tiene muchos significados: solidaridad con quienes están atravesando la enfermedad, memoria por quienes no pudieron vencerla y admiración por quienes continúan luchando. También es un recordatorio para quienes hoy estamos bien: no esperemos a que algo ocurra para ocuparnos de nosotras.
Hagamos del chequeo una costumbre, no una consecuencia del miedo, cuidarnos a tiempo es una manera de elegirnos.