Miércoles, 13 de noviembre, 2019 | 11:09 am

No habrá mayor desarrollo sin reformas



No hay dudas que el crecimiento económico y social de años recientes se ha detenido y que cada día se nota más el peso de un modelo de desarrollo que está llegando a sus límites.

Los crecientes déficits fiscales, un endeudamiento público cada vez mayor, el estancamiento de los niveles de ingresos y la falta de una distribución equitativa del mismo crecimiento son más que palpables.

Es demasiado evidente, aun a los ojos de los que no han querido ver o los que han creído que se pueden posponer indefinidamente las reformas que requiere el país, de que pronto habrá que gastar el capital político necesario en pos de la gestión de cambios profundos en nuestras políticas de desarrollo.

El sistema político necesita de una infusión seria de ideologías y disciplinas que permitan una democracia interna auto gestionada, y alejarnos cada vez más de la demagogia con lo cual se han conducido.

El país requiere de inmediato la modificación seria de del sistema de electricidad interconectado. No hay que buscar ni técnicos extranjeros, ni préstamos internacionales para imponer la eficiencia y sincerización requerida.

Si no comenzamos a cerrar la brecha de perdidas sostenidas de las distribuidoras eléctricas, de poco servirán los demás esfuerzos.

Las urbes, comenzando por Santo Domingo necesitan de un verdadero sistema de transporte público, más allá de líneas adicionales del metro.

No podemos seguir siendo la ciudad de mayor densidad vehicular, donde se pierden infinidad de recursos en enormes tapones y dilataciones de tiempo para transportarnos de un lugar a otro.
Nuestra legislación laboral tiene que modernizarse con urgencia, así como la solución a la falta de sistema de protección social universal básico.

Y todo ello no será posible sin la reclamada reforma fiscal que tiene que iniciarse con la calidad del gasto público, donde ya ni nos ruborizamos cuando se renuncia a posiciones sin sentido, y en vez de aprovechar y suprimir las mismas, se reponen con otras personas.

El dispendio de los fondos públicos acompañados del sentido clientelar en el uso de los mismos tiene que eliminarse, o serán cada vez peor las expectativas de desarrollo que enfrentaremos.

Frederich Bergés

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