Niños haitianos inician nueva vida en EEUU tras sobrevivir sismo

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Nueva York, EE.UU.- Bajo un enorme árbol de Navidad, Sevil Fletcher, de tres años, reía a carcajadas mientras jugaba a luchar con su hermano y su hermana.

El frío y las ráfagas de nieve afuera realzaban la calidez de la cómoda casa suburbana de los padres, Brian y Emily Fletcher, mientras contaban cómo Sevil llegó a ellos tras pasar sus primeros años en un orfanato haitiano.

La historia es notable, sobre todo porque es similar a la de cientos de niños haitianos que hoy inician sus vidas en el seno de hogares estadounidenses.

Las familias estaban en medio del proceso de adopción cuando el terremoto devastador del 12 de enero sacudió a Haití y las inundó de pánico e incertidumbre. "De repente, pensamos: ’¿Qué le va a pasar a mi bebé? ¿Voy a lograr traerlo a casa alguna vez?"’, relata Emily Fletcher.

Cuando muchos temían que el sismo agregara demoras a casos a los que aún les faltaban uno o dos años de trámites, la tragedia trajo un resultado sorprendente para estas familias.

El gobierno estadounidense tomó la medida inédita de permitir que los niños cuya adopción estaba en trámite viajaran de urgencia a Estados Unidos, aun cuando faltaban documentos y pudieran inmigrar por razones humanitarias.

Sevil y un grupo de huérfanos llegaron a Estados Unidos a los diez días del sismo. La iniciativa, que duró hasta abril, permitió a un total de 1.150 niños unirse a sus familias adoptivas.

El sistema no funcionó a la perfección: Algunos niños que viajaron no habían estado en proceso de adopción y unas pocas familias adoptivas abandonaron la idea ante la urgencia y dejaron a los niños en custodia del gobierno federal.

El programa estadounidense y otros similares de menor alcance de Francia, Canadá, Alemania y Holanda recibieron algunas críticas.

La organización humanitaria suiza Servicio Social Internacional dijo en un informe que algunas evacuaciones se hicieron de forma apresurada y deberían haber sido demoradas hasta que los padres pudieran ir a Haití a buscar a los niños para llevarlos a su nuevo hogar.

Sin embargo, la operación fue un éxito en líneas generales y mostró un trabajo conjunto de múltiples agencias del gobierno estadounidense con las autoridades haitianas y las organizaciones de adopción.

El resultado fue que un enorme número de niños salieron de una situación de riesgo y llegaron a hogares donde eran bienvenidos.

"Fue un hecho absolutamente sin precedentes y fue increíblemente rápido", dijo Tom DeFilipo, del Consejo Conjunto de Servicios Internacionales para Niños, que nuclea a varias agencias de adopción.

"Sacar a los niños del peligro fue lo que lo motivó".

La cifra máxima de adopciones estadounidenses en Haití nunca había pasado de 355 niños, pero el terremoto enfrentó de repente a las autoridades con el triple de casos.

Algunos niños estaban gravemente enfermos o no habían aprendido aún el concepto de qué es una adopción.

Aún así, sólo unas diez adopciones se cancelaron, dijo DeFilipo.

"Esperábamos más", explicó. "Teníamos a niños traumatizados, familias traumatizadas, agencias que solían hacer diez adopciones al año y de repente tenían 50″.

El desafío era trasladar a los niños indicados lo más pronto posible, sin perder de vista el riesgo del tráfico de personas y la posibilidad de que algún familiar de un niño considerado huérfano hubiera sobrevivido al sismo, dijo Chuck Johnson, director del Consejo Nacional para la Adopción.

"Dentro de todo, creo que salió excelente", dijo. Muchas familias enfrentaban largas demoras en el proceso de ciudadanía para sus hijos, pero este mes el Congreso aprobó una ley para que estos casos demoren mucho menos que los dos años normales.

Uno de los héroes en la operación fue Pius Bannis, director de la oficina en Haití de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración estadounidenses.

Hace poco, recibió un premio al empleado federal del año por la ayuda que brindó a las familias, desesperadas por asegurarse la custodia de los niños que estaban en proceso de adoptar.

Además de trabajar 20 horas por día, Bannis improvisó una guardería en la embajada estadounidense en Puerto Príncipe para albergar a decenas de niños.

Consiguió pañales, ropas y comida y llevó a los niños al aeropuerto para ser evacuados.

En la oficina central de su agencia, en Washington, el personal buscaba maneras creativas de aplicar la ley para ayudar a los niños, dijo la jefa regional Whitney Reitz.

"Fue el mejor momento de mi carrera", aseguró, "porque pude ser parte de algo que hizo una diferencia tan grande".

El pastor Tim Franklin y su esposa Annette, residentes de Vermont, estaban en Jamaica cuando las arañas del hotel comenzaron a oscilar y el agua de la piscina, a moverse sin aparente razón. A casi 500 kilómetros (300 millas), Haití se sacudía y se sacudía el orfanato de Gedeleine, de tres años, ya designada como su hija adoptiva.

"No quiero decir que entramos en pánico, pero sí, entramos en pánico", dijo Annette Franklin. Una vez que se aseguraron que Gedeleine, que es portadora del virus del sida, estaba a salvo, comenzaron a averiguar cómo sacarla de Haití lo más pronto posible.

"Había muchas informaciones contrastantes", dijo Tim Franklin. "Fue como una montaña rusa".

Casi sobre la hora, les avisaron que 82 niños del orfanato volarían a Miami el 21 de enero.

Las familias ansiosas esperaron hasta la madrugada del 22 en una terminal del aeropuerto local y, tras horas de trámites de inmigración, lograron reunirse con sus nuevos hijos.

Gedeleine ahora está bien y toma tres medicamentos diarios contra el HIV. "Estamos muy agradecidos porque ella está aquí", dijo Tim.

Brian y Emily Fletcher, los padres de Sevil, pasaron todo el día del sismo sin saber qué había sido de él.

Esa noche, el orfanato avisó en su cibersitio que todos los niños estaban bien, durmiendo afuera como precaución.

Sin embargo, el juez que llevaba el caso de adopción había muerto y el terremoto destruyó gran parte de los documentos.

La tragedia, no obstante, aceleró los trámites.

El gobierno estadounidense anunció el 18 de enero que otorgaría una excepción humanitaria a los niños que ya habían pasado las primeras etapas de la adopción para que pudieran entrar al país.

Los Fletcher volaron apresurados a Miami para esperar el mismo avión que los Franklin.

El 22 de enero, llegaron a su casa en Penfield con su hijo, que pronto conoció a sus hermanos Isaac, hoy de seis años y a Cora, de 4.

Hoy, Sevil disfruta de vivir en un lugar donde nieva, conoció el helado y los toboganes de agua.

Pronto comenzó a hablar inglés y el año próximo empezará el jardín de infantes. Sufre una parálisis cerebral parcial que le causa debilidad en los músculos del lado derecho del cuerpo, pero las sesiones semanales de fisioterapia lo ayudan y a largo plazo se espera que esté bien.

"Es un niño persistente", dijo su madre. "Se mete algo que quiere lograr en la cabeza y lo sigue intentando".

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