Ni los bleachers se salvan 

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El béisbol profesional es una actividad privada, en la que todavía el Estado ofrece a esos empresarios privilegios exorbitantes e irritantes para que monten ese espectáculo.

Aunque en la última década ese evento se ha hecho económicamente más independiente de los gobiernos, eso no debe convertirse en una salida para que un gran público no pueda asistir a los estadios por los elevados precios que implementan cada año.

Los estadios son propiedad del Estado, el que además otorga exoneraciones para que importen toda la utilería, e incluso, exonera a los peloteros del pago del Impuesto Sobre la Renta.

Mientras la mayoría, que devenga un salario de miseria tiene que pagar gravámenes de todos los calibres, estos “héroes peloteros” y empresarios de los equipos no aportan ni un “kikí”. Así no se vale. Así no se puede.

Es por eso que, ante la denuncia sobre la posible desaparición de más de un 60% del área que ocupan los ‘bleachers’ en el Quisqueya (no se sabe quien lo autorizó), para convertirla en “palcos bajos”, se dispararán los precios cinco o seis veces más, lo que hará imposible que los pobres y clase media baja asistan al “espectáculo nacional”.

¿Hasta dónde llegarán estos y otros dueños del país, lamentablemente en contubernio con las autoridades, para seguir jodiendo, amargándole y fastidiándole la vida a la gente?

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