Negros nubarrones
Negros nubarrones se ciernen sobre nuestro país presagiando tiempos muy difíciles.
La violencia se enseñorea tanto en los espacios domésticos como en los públicos, al grado de constituirse prácticamente en un asunto de Estado.
El crimen organizado, acicateado por el narcotráfico y sus secuelas, parece ganar terreno y amenaza con imponer impunemente su ley entre nosotros.
No se trata de mera percepción, como dicen algunos interesados en minimizar la situación; se trata de una realidad que nos golpea de frente y se agrava por la circunstancia de que ya se ha convertido en una constante el hecho de que en cada crimen o delito cometido se registra la participación de militares o policías de todos los rangos, cuando no son los propios uniformados las víctimas de esos desafueros.
Todavía, sin embargo, estamos a tiempo de detener este derrrumbe, aunque sea a costa de grandes esfuerzos y firme voluntad.
Toca no solamente a las más elevadas autoridades poner su mayor empeño en imponer el orden y garantizar la seguridad ciudadana, sino también a todo dominicano que aspire a una patria digna para sí y su descendencia.
El rescate de la convivencia civilizada es responsabilidad de todos. No permitamos que los negros nubarrones que hoy oscurecen los cielos se conviertan mañana en una negra noche sin amanecer para nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos.
