Negocio redondo

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Para la sociedad dominicana es crucial recuperar la confianza en las instituciones y sepultar la búsqueda de soluciones individuales como respuesta a situaciones que deberían ser labor de un colectivo articulado.

El informe Attali aborda esas dos categorías –desconfianza e individualismo- que, desde mi punto de vista, son causas de la falta de cohesión social, la discontinuidad del Estado, la corrupción administrativa y la visión de que los puestos públicos son los mejores planes de retiro.

Siempre recuerdo, no sin cierto nivel de espanto, la expresión de un admirado amigo, profesional de las ciencias jurídicas: “La patria es tu casa y el bienestar de tus hijos es primero”.

En parte su razón pudiera estar fundada en la reflexión de que una cadena de familias con fundamento económico, en valores y educación remite a una sociedad fortalecida.

Pero también pudiera contener otro sentido: “No te preocupes por la degradación de tu entorno; tú no vas a cambiar al país. Esas patologías –básicamente sembradas por los caudillos, mesías, redentores , y saqueadores del erario que tanto daño han hecho a este país- son la explicación más palmaria de una propuesta que circula por ahí para que un grupo político se reparta el Gobierno sin haberlo ganado.

Debería provocar grima –y ser razón suficiente para una convocatoria de sombrillas amarillas preventivas- que un precandidato presidencial perdedor aspire a resarcir las pérdidas económicas personales, causadas por sus desmanes políticos, comprometiendo el presupuesto de instituciones públicas.

El pillaje es tan concreto –aunque ingenuamente los medios le llaman negociación- que el botín está diseñado con una lista de entidades públicas y un monto específico a recuperar en millones de RD$, que fueron quemados en la hoguera de un proyecto político fallido e insostenible.

La coyuntura impone la necesidad de que –para 2012- el derecho al voto se despegue de la emoción y se concentre en la razón. Este pobre país no merece seguir siendo la piñata ni la garantía de devolución de fondos para quienes administrar el Estado representa un negocio redondo.

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El Día

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